Yo no sé, no. Aprovechando que nos quedaban un par de días de las vacaciones de invierno y como aunque fríos esos días pintaban lindos, nos fuimos desde temprano a las canchas del Cilindro y del Trébol a patear, a jugar al fútbol como si fueran los últimos días de nuestras vidas. Manuel era el más alocado, cuando iba a disputar cada pelota y en cada pique se le aceleraba –contó después– el pulso. “Era como si algo me daba cuerda”, decía.
A una de las pibas, la Laura, se le aceleraba el pulso cada vez que escuchaba a Tom Jones que desde un disco simple cantaba Ella es una dama, y que la Mari ponía a todo volumen en un Winco desde el patio de su casa que estaba cerca de uno de los arcos. A Tiguín se le aceleraba el pulso cada vez que escuchaba roncar el motor de un Torino que estaban arreglando en el taller del Paragua. A Carlos se le aceleraba el pulso cuando sentía el sonido de un barrilete remontar, ya que era un experto en armar barriletes zumbadores.
La Moni decía que se le aceleraba el pulso cada que a su nariz llegaba el aroma a masa de pizza. “Esa mezcla de harina, agua y levadura es lo mas”, gritaba. A Ricardo se le aceleraba el pulso cuando sentía el sonido de la cuchara contra el balde de metal, sobre todo los viernes, ya que después del lavado del último balde venía el pago de la semana. A la Eva, en cambio, se le aceleraba el pulso cuando encontraba algún trébol de cuatro hojas. “Cada vez que encuentro uno, tengo unos meses de amores asegurado”, nos decía. Raúl aseguraba que sentía el pulso en la boca del estómago a la hora del mate cocido con leche y Graciela, un día que venía de mecanografía, nos dijo que cuando cerraba los ojos sentía un latido en las yemas de los dedos. La Caro, agarrándose una pierna, nos dijo: “Siento un latido, parece que están extrañando la gimnasia y los caños”.
El lunes, la pequeña Susi, viniendo por Iriondo, se mandó dos medialunas con el bolso de pan y sin despeinarse, mientras Tom cantaba: “Ella tiene estilo, tiene gracia, es una ganadora” y por Cafferata el barrio latía latía lindo con las pibas y los pibes en el patio de la Santa Isabel de Hungría.
Publicado en el semanario El Eslabón del 26/07/25
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