La octava edición del tradicional evento popular que se realizó en la ciudad de Santa Fe y homenajea a la madre tierra, reunió a público de toda la provincia. El ritual de agradecimiento, feria de emprendimientos, música en vivo y buena comida.

El movimiento primordial es el intento de centrar la conciencia en el inevitable paso del tiempo despojándolo de toda inflexión lírica o balances excepcionales. La singularidad –en el inicio– es la recapitulación del cuerpo y del garguero luego que una porción del brebaje se vuelque, a modo de ofrenda, a la madre tierra.

El paso siguiente, es el momento del desfile de escenas veladas por reflexiones que van tejiendo una visión universal cercada por una mirada local en la que se entrelaza la tradición ancestral de los pueblos originarios con la creencia popular de disponer espíritu y alma antes del apacible resurgir de la primavera.

La conmemoración de la Pachamama, tanto en la antigüedad como en esta época, es un acto de coraje filosófico o tal vez un enigma emotivo; una imprecisa reivindicación del amanecer de un corazón que por unos instantes se olvida de latir. Además, de un testimonio secreto de lo incontenible.

La calle es un lugar

Un domingo de sol y temperatura agradable en la capital provincial es un buen sitio para desembarcar. El bulevar Gálvez se despereza de manera lenta y el canto de los pájaros aún resuena entre los edificios. Los primeros leños encendidos esparcen su humo y los puestos de los feriantes ubicados en el corazón de barrio Candioti comienzan a sacarse las lagañas.

La 8° edición de la Fiesta de la Pachamama y la Caña con Ruda ya está en marcha y desde el escenario ubicado en la esquina de República de Siria y Castellanos llegan las presentaciones formales y los primeros acordes de las varias bandas musicales que pasarán por él.

“Comenzamos hace muchísimos años todos los 1º de agosto invitando a nuestros clientes a tomar una cañita con ruda”, expresa Miguel Pascual, dueño del emprendimiento Sol Cuer que ya lleva más de 30 años en el barrio y que es el principal organizador del evento. 

“Esta conmemoración que venimos heredando de los pueblos originarios es algo que realmente nos interesa promover de manera conjunta con otros amigos, como por ejemplo el Almacén Verona de la localidad de Monte Vera”, dice Pascual, y añade: “Es una actividad que se hace entre lo privado y lo público porque agradecer a la Pachamama nos hace compartir”. La Fiesta de la Pachamama y la Caña con Ruda se realiza con el apoyo de la Municipalidad de Santa Fe y también del gobierno de la provincia.

Otro integrante de la familia Pascual, el veinteañero Bautista, agrega que “nosotros lo que tratamos de incentivar es el trabajo con el amor a la madre tierra y poder salir a la calle para encontrarse, para detenerse un momento, para estar acompañado de la música, con comidas típicas del noreste argentino, por eso es un momento para concientizar a la gente para con el trabajo amoroso con la tierra, con la colectividad y con nuestra historia”.

Origen andino

Los canteros de El Molino Fábrica Cultural, organismo dependiente del Ministerio de Cultura de Santa Fe, es el espacio donde se celebra a la madre tierra. Antes de beber tres sorbos de caña con ruda se agradece y se piden deseos para después verter sobre la tierra el brebaje y alimentos nobles que posteriormente se taparán con piedras construyendo algo similar a una apacheta que se abrirá al año siguiente. Uno de los objetivos de la festividad es reivindicar una tradición y “comprometerse con el cuidado y respeto hacia la naturaleza alentando el trabajo amoroso con la tierra”, explica Bautista Pascual.

Por su parte, la santafesina Viviana Romero relata que “la fiesta de la Pachamama se originó hace 3 mil años en la región andina. Se festeja en Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Significa un agradecimiento a la madre tierra por todos los productos que nos da y la intención de esta celebración es hacer eje en la concientización del trato hacia ella y hacernos cargo de que somos todos responsables de cómo cuidarla”. 

Romero cuenta también los pasos del ritual de celebración: “En primer lugar se hace un pozo en la tierra, se sahuma y, a modo de ofrenda, se le da de comer y de beber. Después se sella la ofrenda tapando el hueco y se hace generalmente una hoguera. En el norte los productos son coca, chicha y a veces también se ofrenda una cría de llama o de vicuña, dependiendo del lugar. Nosotros traemos a la ciudad esta festividad y esta cultura ancestral para traer el recuerdo, reivindicar de dónde venimos y cómo tenemos que cuidar nuestra tierra”.

La tradición de nuestros antepasados es tomar un sorbito de caña con ruda el primer día del octavo mes. La creencia popular es que ese acto trae suerte para el año y salud para que “las pestes de agosto no te lleven”. Ese ritual se extendió por toda la geografía de nuestro país, pero principalmente en el interior de las comunidades de pueblos originarios y es por eso que se celebra después del Año Nuevo aborigen, el solsticio de invierno (21 de junio) y antes del resurgir de las flores y de las lluvias del equinoccio de primavera.

Publicado en el semanario El Eslabón del 09/08/25

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