Pese a que seguro habita la misma comarca, entre “las fuerzas del Cielo” que Javier Milei invoca como sostén de su gestión presidencial y su ideario no hay que contar a San Cayetano. Que el patrono del trabajo es de otro palo se pudo apreciar en estos días en los que volvió a ser venerado intensamente por multitudes que, mayoritariamente, dieron señales de vivir una cotidianidad más bien infernal. Así, la de este 7 de Agosto fue una jornada en la que se expresó nuevamente la fe popular en una buena vida también por acá abajo, eternidades aparte. La reivindicación del trabajo como “padre” de otros derechos cuyo ejercicio sea posible para todas y todos fue una constante. Desde los prelados de la Iglesia hasta los más anónimos e inestables de los fieles movilizados por San Cayetano se pronunciaron mensajes en ese sentido.
“Este día nos invita a escuchar el clamor de tantos hermanos y hermanas que ven en el trabajo la posibilidad de ser útiles y de contribuir al bien común. Trabajar constituye un derecho fundamental que construye la vida propia y la del grupo familiar, y sostiene el tejido social. La falta de trabajo hiere profundamente la dignidad de las personas y puede conducir al desaliento, al aislamiento y a la pérdida de sentido”, expresaron las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina, a través de un comunicado en el que se incluyeron menciones directas y claras al contexto político y social no frecuentes en este tipo de pronunciamientos.
“En todo plan económico, cuidar el empleo y las fuentes laborales debe ser una prioridad indeclinable”, sostuvieron los obispos. “Ninguna medida puede considerarse exitosa si implica que los trabajadores pierdan su empleo o vivan con angustia e incertidumbre sobre su futuro”, remarcaron, bien a tono con las crecientes manifestaciones de rechazo a las políticas impulsadas por el gobierno libertario.

Antes de concluir con un pedido de “intercesión de San Cayetano para que no falte el trabajo digno” y “quienes hoy están desocupados o viven en condiciones laborales precarias encuentren nuevas oportunidades que les devuelvan la esperanza y mejoren su calidad de vida”, el pronunciamiento de los obispos abogó por reconocimiento, acompañamiento y protección a “toda actividad que, con esfuerzo, lleva dignamente el pan a la mesa”.
En esa línea, el comunicado llamó a resaltar el valor, “en tiempos difíciles”, de “todas las formas de trabajo: el empleo formal, los emprendimientos familiares, la economía popular, el reciclado, las changas”.
Que trabajadoras y trabajadores desocupados o en ejercicio de esas formas de trabajo hayan sido los protagonistas de la masiva movilización que hubo en Rosario este último jueves no parece mera casualidad.
Que entre ellas y ellos hubiera incluso quienes no son de creer en milagros y profesar religiones, tampoco.
Que la potencia de tal confluencia de diversidades tire más que la de Milei y sus huestes parece cada vez más posible.
Ojalá sea así tanto en la Tierra como en el Cielo, deseamos desde acá. Entre tanta deserción, resignación, escepticismo, celebramos que, a diferencia de lo que le pasaba a Sansón, la fuerza de San Cayetanos no dependa de lo largo o corto de pelos y pelucas, si no de la voluntad colectiva.
Publicado en el semanario El Eslabón del 09/08/25
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Slope 2
13/08/2025 en 5:29
This piece really captures the deep link between faith, dignity, and the right to work. It’s inspiring to see such unity and hope, even in hard times.