La obra Presidente Schreber se repondrá en La Orilla Infinita. Los sábados de septiembre y octubre la pieza dramática que aborda el padecimiento de la salud mental y el encierro asociado inicia su segunda temporada.

Presidente Schreber está sustentada en los procesos internos y condiciones de búsqueda e investigación desarrolladas en las Máquinas Teatrales o Máquinas de Improvisar que creó el ilustre maestro, actor, director y dramaturgo Pompeyo Audivert. La pieza fue escrita por Hugo Cardozo, quien también la dirige y actúa.

Hugo es actor, director de teatro, docente y psicólogo. En su formación tan completa, Hugo se encontró con el caso que estudió Freud. Sigmund analizó a Daniel Paul Schreber a partir de la lectura de sus memorias y abordó así “un caso de paranoia descrito autobiográficamente”.

Hugo empezó con el teatro casi “por accidente”. “Mi vida era el fútbol, todos los días y todo el día con una pelota, intentando llegar a ser futbolista. La vida misma cortó ese camino y un día, un verano del 80 me encontré caminando por la peatonal Córdoba y un cartel que decía Escuela de arte dramático Arteón. Tendría catorce o quince años y dije bueno, ya que no puedo ser futbolista quiero ser actor. Había unas novelas en aquel momento que me identificaban mucho, que veían mi familia, mis tíos. Recuerdo Un mundo de veinte asientos, El inglés de los huesos, Piel naranja, Rolando Rivas taxista. Ahí había algo que me era muy curioso, que me fascinaba poder estar ahí y generar una ficción –recuerda Cardozo– me parecía que la cancha no podía ser y acá había otro escenario que de algún modo también suplía ese no poder seguir jugando al fútbol”.

Al poco tiempo de comenzar en el Teatro Arteón se formó la Agrupación Discepolín o La Casa Discepolín de la que fue parte. “Ahí terminé el taller de actuación de teatro de adolescentes y a partir de ahí fui pasando por diferentes maestros, no paré de hacer teatro ningún año. Actuando, dirigiendo, escribiendo”, comenta Cardozo.

A lo largo de su carrera, Hugo tuvo muchos maestros que lo marcaron, Cacho Palma, Rody Bertol, Miguel Palma, Chiqui González, Norberto Campos, César Brie, Eugenio Barba, Eduardo Pavlovsky, Norman Briski, y desde el 2009 viene trabajando con Pompeyo Audivert.

En ese recorrido fue trabajando con Máquinas de Improvisar, que incluso aborda como docente en la Escuela de Teatro. Mediante ese método de producción generó Presidente Schreber. Además, este año está haciendo temporada en Buenos Aires en diferentes teatros con una obra escrita y dirigida por Pompeyo Audivert: Edipo en Ezeiza.

El caso Schreber se da en la Facultad de Psicología en cuarto año. Es un caso que Sigmund Freud aborda desde la lectura de la autobiografía Memorias de un enfermo de los nervios. Schreber fue un abogado que llegó a ser presidente del Tribunal de Dresde. En esa posición “por exceso de trabajo, por una presión de su padre también, entra en una crisis subjetiva”, explica Cardozo. “Me interesó mucho ese material, yo ya había trabajado otros casos también como Christine y Lea Papin. Son casos que me interesan, que no es solamente por el caso sino que muchos de esos temas son muy actuales hoy por lo rico que se pone en juego ahí, lo complejo también. Me parece que en este caso el arte puede desde lo poético acercar el dolor del otro en tanto salud mental”.

El proceso de armado de la obra fue largo. “Primero necesitaba hacer la escritura. Ya había realizado una escritura también que era Máquina Schreber, en realidad en ese momento estaba dando un seminario de máquinas y estaba en un proceso de escritura”. Cardozo ofreció aquel material a un grupo de actores y actrices que estaban en condiciones de llegar a un espectáculo. “Lo tenía a mano en ese momento y fue una obra más bien colectiva”, advierte.

En aquel momento, desde la actuación y la dramaturgia se abordaba la temática de manera más genérica respecto a “esos posicionamientos de la salud mental, de la psicosis, de lo histórico”. La obra actual conlleva “una actuación más vivenciada, más vivida en carne propia, muy desde adentro.”

“Llevó mucho tiempo porque trabajé sobre el caso, sobre el libro. Pero también la máquina tiene como dispositivo trabajar lo poético y la teatralidad y ahí hay textos de Alfonsina Storni, de Paco Urondo y de Juan Laurentino Ortiz. Ahí está atravesado por una complejidad, hay pedacitos de textos de canciones, de un tango que tiene que ver con un atravesamiento poético porque no es una obra histórica, no hacemos un teatro histórico para dar cuenta y decir las cosas fueron así, sino para sensibilizar, acercar a un público, encontrarse con identificaciones (en ese acercamiento) poético es lo revolucionario en el trabajo de la dramaturgia”. 

En el proceso de generación de la obra juega un papel fundamental el dispositivo creado por Pompeyo Audivert, Las Máquinas de Improvisar. Se trata de “una herramienta muy importante para la creación, para el actor, para la actuación, donde hay ciertas condiciones dramáticas que hacen un condicionamiento y una atmósfera teatral, física y expresiva”, detalla Cardozo. Un dispositivo ya con ciertos elementos, ciertos acuerdos que hacen que cualquiera que sepa y entienda este dispositivo puede improvisar con otro que ni siquiera lo conoce, que ni sabe el nombre, porque entendiendo el espacio poético, entendiendo la palabra, el modo de decir, y sabiendo de qué se está hablando, utilizando lo poético, lo teatral y lo histórico en ese momento, uno puede improvisar un trabajo maquinal sin haberse conocido antes”.

Es parecido a la improvisación en otros ámbitos “como la música donde alguien agarra un instrumento, una guitarra y empieza a tocar y viene alguien con un bombo y se suma y otro viene con otro instrumento y va agregando ahí, escuchando por donde va, sin conocerse ya hay una musicalidad”, ejemplifica el director.

Con esa mecánica, en el 2011 un grupo de jóvenes coordinados por Cardozo trabajó a distancia con Pompeyo y habiendo trabajado sólo dos días con la presencia del maestro Audivert pudieron estrenar Museo en Ezeiza versión Rosario frente al público.

La obra, más que contar exactamente si fue así o no la historia de Daniel Paul Schreber, es una manera de acercar al público y sensibilizarlo en lo que es el dolor del otro, el padecer del otro en la salud mental. La idea es que “cada uno que vaya pueda entender y sensibilizarse por lo que es el encierro, encerrar a alguien y el dolor del otro. Tuvimos una pandemia y ahí pudimos de algún modo sensibilizarnos en que el encierro no está bueno a veces, que en algunos momentos muy acotados quizás sí, pero no es bueno el encierro. No hay que encerrar lo diferente a lo que está en eso, alejarlo, encerrarlo, sino acercarnos, y de otro modo, y eso creo que produce la obra”.

Para completar el elenco Ignacio Chazarreta asistió en la dirección, actúa, diseñó la iluminación y es el encargado de operar luces y sonido; Adriana Frodella actúa; Álvaro Penarez creó el paisaje sonoro y Ramiro Sorrequieta diseñó el vestuario.

Presidente Schreber se presentará los Sábados de septiembre y octubre a las 20hs en La Orilla Infinita (Colón 2148). Las entradas pueden adquirirse a través de la página del teatro, www.laorillainfinita.com.ar

Publicado en el semanario El Eslabón del 06/09/25

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