A casi dos años de iniciado el experimento económico-social más criminal desde la última dictadura, la mayoría del pueblo bonaerense le propinó una paliza electoral que dejó groggy a un gobierno tan implacable como patético.
Nada de lo protagonizado por La Libertad Andanza durante todo el proceso previo a los comicios bonaerenses escapa al patetismo. Brócolis arrojados en la testa al paso de una caravana encabezada por un presidente ex panelista televisivo que se autopercibe emperador; la huída en moto de su principal candidato en las legislativas de octubre tras la emboscada vegetal; un acto de cierre al que no fueron ni los parientes de los candidatos; la revelación de audios con la voz del abogado personal de Milei diciendo que la hermana se quedaba con el 3 por ciento de las compras en el área de discapacidad y el Batallón de Trollanders desahuciado y sin candidaturas.
Todo berreta, lumpen, marginal. ¿Qué podía salir mal? Bueno, salió todo mal. Fentanilo podrido, faltante de patentes, pasaportes mal confeccionados, rutas destruidas, nada escapa al descalabro producido por una banda de hampones improvisados, rotos por dentro, desprovistos de toda moral, arrinconados por sus propios traumas y ansiosos por poder poner en juego un dispositivo de venganza que les dé la sensación de placer que nunca obtuvieron en lo individual y por eso ponen en la mira a la sociedad más vulnerable.
Nunca hubo una idea de Milei puesta en valor, todo ha sido un despropósito. Sus seguidores más duros nunca lo entenderán. No tienen pensamiento nacional. No creen en la democracia, en la integridad territorial, no entienden lo colectivo, no reflexionan, reaccionan por impulsos emocionales, no registran la historicidad de la política. Pierden y buscan culpables. Por eso duran tan poco. Cada nuevo experimento liberal dura media página en la historia. Y siguen creyendo que la culpa es del peronismo. Y bueno, vivan con esa angustia hasta el final de sus días.
Y así como el campo nacional y popular se dio cuenta en forma temprana de la escualidez que habitaba el pensamiento de Milei, tomó nota de sus modos, sus vulgaridades, su patología, su violencia y el subproducto de sus traumas, la clase dominante que lo moldeó para ubicarlo como parte de la oferta electoral también lo supo de entrada. Y no trepidó en avanzar con ese experimento
La construcción de ese monstruo al estilo del Dr Frankenstein fue deliberada. Era el plan alternativo, porque la racionalidad les indicaba que Bullrich iba a estar en el lugar que ocupó el Capitán Ancap. Podía fallar, y falló, pero allí tenían al sujeto ideal para formatear en modo androide programado para llevar adelante el plan que nunca dejó de estar en los sueños húmedos del establishment.
Desde que fue electo, antes aún de asumir, Javier Milei fue moldeado como plastilina por quienes lo encapsularon en el Hotel Libertador. Le impusieron resmas y resmas de papel impreso con la planificación macabra que se puso en marcha a partir del 10 de diciembre de 2023. Allí, en ese huevo de la serpiente libertaria estaban el decreto de necesidad y urgencia 70/23, la Ley Bases, el combo maldito que intentaba arrasar con instituciones gremiales y políticas, derechos laborales y sociales, sistema previsional solidario, salarios y aparato productivo.
Las contradicciones internas que ese corpus delictivo generaba hacia el interior del Círculo Rojo poco importaba en ese momento. La cuestión era que la maquinaria infernal echara a andar lo antes posible. Nada de gradualismo. Acelerador a fondo, antes de que se despierten los orcos.
Durante casi dos años, con idas y vueltas, marchas y contramarchas, ese plan se puso en valor, arrasando con puestos de trabajo públicos y privados, capacidad industrial instalada, pymes y comercios. Un diseño ficcional convenció a buena parte de la sociedad, anestesiada por la frustración generada por el gobierno del Frente de Todos, de que se había alcanzado en tiempo récord el superávit fiscal,que se había dejado de emitir moneda y que la inflación comenzaba a transitar un camino descendente con características irreversibles.
Así se llegó a la elección de medio término en un puñado de provincias, donde de la mano de una ex tarotista pastelera se diseñó una estrategia nacional que, a la luz de los hechos, terminó como era esperable: derrotas en casi todos los distritos donde compitió como fuerza propia y sólo venció en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la jurisdicción más gorila del país.
El caso de la provincia de Buenos Aires era esperado por Milei y sus jerarcas como un virtual plebiscito de su gestión. Así de desaforada fue su táctica electoral. Nacionalizó comicios que para su gobierno nunca debieron dejar de ser distritales, de modo de poder amortiguar una posible derrota. Los resultados están a la vista.
Ganó Kicillof
La interna peronista previa a las elecciones del 7 de septiembre no fue moco de pavo. Inexplicablemente, un sector del justicialismo, que responde a Máximo Kichner, le hizo la vida imposible al gobernador Axel Kicillof. Actos específicos para cuestionarlo, trabas en la Legislatura a toda iniciativa oficial, oposición acérrima al desdoblamiento de los comicios, planteos contra la estrategia que sugerían los intendentes de la mayoría de los municipios. La lista es tan grande y conocida que no vale la pena abundar más en ella.
En el pico de la tensión, cuando el riesgo de que el peronismo fuera a la elección del pasado domingo en dos listas, Cristina Fernández de Kirchner concedió el desdoblamiento y se dispuso a concertar una lista de unidad.
Nadie puede ser tan ingenuo para suponer que Cristina fue ajena a los movimientos que La Cámpora desplegó para oponerse al plan que Kicillof diseñó para enfrentar a Milei en la provincia que gobierna, después de haberle ganado al libertario todas las contiendas electorales previas. Nadie, tampoco, puede creer que después de la paliza electoral que el peronismo le propinó a LLA esa interna pueda concebir algo positivo. Sin embargo, continúa. Cabe esperar que la proximidad de la fecha de la siguiente elección devuelva algo de la indiscutible inteligencia política que anida en la ex presidenta en favor de una victoria que quien más la necesita es el pueblo argentino, no Kicillof.

Que el domingo ganó Kicillof lo reconocen hasta mandatarios y autoridades extranjeras que llamaron al gobernador para felicitarlo. CFK no lo llamó. Pareciera que el audiomensaje enviado la noche del domingo, en el cual la ex mandataria felicitó “a Axel”, debiera alcanzar para dejar en el olvido un posteo inicial en el que Cristina felicitó a todos menos al principal artífice de la primera victoria peronista pura desde la derrota de Sergio Massa en el balotaje de 2023.
Las chances de Kicillof como postulante a competir por la Presidencia en 2027 son una hipótesis política ineludible, pero extemporánea. Esa cuestión podrá dirimirse a su debido tiempo y armoniosamente o bien a través de una interna, pero no ahora. Cualquier adelantamiento de esa instancia será claramente perjudicial, al menos antes del 26 de octubre.
Lo que quedó claro, además de la contundencia de la victoria del peronismo en términos porcentuales, es el acierto que tuvo la estrategia del gobernador al desdoblar las elecciones, tensionando para poder decidir como un par los lugares en las listas y dejar de depender del dedo de Cristina, poner en juego a los intendentes y ponerse al hombro la campaña en forma personal. Esa idea, tan criticada, en la previa de la campaña, mostró su eficacia y debiera servir para tomar nota de que Kicillof es algo más que un buen economista y un mandatario exitoso a pesar de las adversidades.
El escenario post derrota
El frente financiero, tras el cachetazo electoral que recibieron Milei y su gobierno se presenta adverso, y no pasó mucho para que los actores del sector más especulativo de la economía se lo hicieran saber.
Bloomberg Argentina, antes de que pasen 12 horas de la catástrofe electoral sufrida por el pelotón perdido del imperio de la economía austríaca, publicó dos títulos de esos que suenan a sentencia fatal.
El primero fue todo lo eufemístico que encontró el editor: “Wells Fargo «no puede descartar» que el peso argentino entre en condiciones de crisis”. En la bajada la pólvora se olía más fuerte. “El banco estadounidense advirtió que el levantamiento del cepo podría acelerar el impacto negativo para la moneda argentina”. A los autores de la literatura financiera que pone a resguardo a los killers que dejan sin comer a millones para que cuatro sabandijas llenen sus cuentas en la isla de Man les bastó un renglón para pasar de “no poder descartar” a advertir.
El segundo título de Bloomberg no deja lugar a miradas compasivas. “Morgan Stanley retira su mirada favorable sobre Argentina y cierra su recomendación de compra” se sintió como la detonación de una 9 mm, y la bajada como una ráfaga de ametralladora antiaérea: “El resultado de las elecciones bonaerenses cambió totalmente la mirada de uno de los principales bancos del mundo”.
A tamaña épica anticipatoria, el vernáculo periódico Ámbito Financiero, pasada la primera rueda bursátil, no tuvo más que apelar al estilo descriptivo, y tituló: “Paliza bursátil: los ADRs y bonos se hundieron hasta 25 por ciento, y el riesgo país rozó los 1.100 puntos tras revés electoral de LLA en PBA”. El medio fundado por el ya extinto Julio Ramos –que ahora conduce Cristóbal López– contó que, “tras la dura derrota de La Libertad Avanza en provincia de Buenos Aires, los activos argentinos sufrieron un desplome generalizado: acciones cayeron hasta 24 por ciento, bonos en dólares se hundieron hasta 10 por ciento y el riesgo país tocó máximos de casi un año”.

Menos de una semana después de que Milei retomara la promesa de poner el último clavo al cajón del peronismo, desde Manhattan abrieron el ataúd y salió el fantasma del General. El Wall Street Journal posó su fría mirada en los casi 14 puntos con que el peronismo aventajó a Milei y, en una lapidaria nota de opinión firmada por Mary Anastasia O’Grady descerrajó: “El presidente argentino, Javier Milei, ha logrado avances notables para liberar la economía de su país del Estado gigante… pero los mercados han comenzado a temer que el fantasma de Juan Perón se prepara para su regreso”.
Otro que tiró un zarpazo a la garganta de la desadministración libertaria fue el Bank of America, que les previno a los inversores que las elecciones de octubre pueden poner aún más espeso el clima para “los mercados”. Y la pluma de Patrick Gillespie, principal columnista de Bloomberg, fue contundente: “Wall Street está perdiendo el entusiasmo respecto al presidente argentino”.
Lo cierto es que, al cierre de esta edición, la cotización del dólar Banco Nación rondó los 1.450 pesos y el mayorista quedó a menos del 3 por ciento del techo de la banda que se autofijó el equipo del mayor endeudador de la Argentina en este siglo y el pasado, Luis Toto Caputo. El billete norteamericano en lo que va de la semana posterior a la hecatombe electoral bonaerense lleva acumulado un incremento de 77 pesos y batió un nuevo récord nominal histórico.
No parece que en la treintena de ruedas bursátiles y de mercado que le quedan al gobierno hasta el 26 de octubre la presión sobre la divisa yanqui vaya a aflojar, y nadie puede garantizar que no se produzca un traspaso a precios. En la medición del manoseado Índice de Precios al Consumidor de agosto, que volvió a repetir el guarismo de julio, 1,9 por ciento, no se notó la minicorrida que comenzó a fines de junio, debido a la feroz recesión que transformó a la economía en un cementerio.
Nada en la Argentina puede vaticinarse con certeza, pero todo indicaría que a quien gustaba autopercibirse como Capitán Ancap (por lo de anarco capitalista) los comicios del 7 de septiembre podrían haber representado lo que Stalingrado al Tercer Reich, una batalla decisiva que torció el rumbo de un régimen alguna vez considerado por propios y extraños como invencible.
Como es su costumbre, el peronismo no tuvo que derramar la sangre que costó aquella trágica batalla a orillas del río Volga y, como puede comprobarse a simple vista, ni Milei es el general Friedrich von Paulus ni LLA es el Sexto Ejército alemán. Y el campo nacional y popular debe librar otros combates, internos y externos, antes de poder mostrarse como una alternativa para un pueblo que luce desamparado y exhausto ante el criminal ataque de esta banda de forajidos marginales que aún resulta incomprensible cómo llegó a gobernar la Patria de Perón y Evita.
La repulsión
Pocas veces se pudo constatar con más transparencia la deriva farsesca en que se encuentra la vieja oligarquía agropecuaria argentina como en la nota publicada por Leandro Renou en Página 12 el miércoles siguiente al aluvión de votos peronistas que sepultó las ambiciones conurbanas de Karina y sus punteros.
El periodista revela “los chats del campo donde se quejan de la derrota bonaerense, pero admiten que Milei no les gusta”. Y cuenta que “en los grupos de Whatsapp de productores cuestionan a los «ofendiditos» con los libertarios y admiten que muchos «se horrorizaban con los candidatos» de LLA”.
Esa fallida “burguesía nacional”, esa runfla de patanes con miles de hectáreas de campo junto a los propietarios ricos de empresas que pierden mercados ante cada experimento liberal, inventó el monstruo que les provoca repulsa pero les permitió imponer –se espera que circunstancialmente– las Bases del país que siempre soñaron: semi esclavo, sin sindicatos, que ofrezca renta rápida y segura, abrazado a la metrópoli occidental y despojado de toda soberanía.
Los trogloditas sojeros aplaudieron desde las tribunas de la Sociedad Rural el retorno al nivel de retenciones que había durante el gobierno de Alberto Fernández, pero se estremecen ante el hedor que exuda el títere que pasa sus noches en Olivos posteando mensajes brutales.
Los dueños de las corporaciones y los banqueros cumplen con asistencia perfecta cada charla o entrega de premios fantasma al gnomo perverso que incluso los insulta desde el púlpito. Lo desprecian, pero vuelven a sus guaridas a contar sus billetes.
Creen, todos ellos, que están protagonizando una epopeya. En realidad están recreando una mala versión del programa Todo x 2 Pesos.
Publicado en el semanario El Eslabón del 13/09/25
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