Berta Temporelli, docente, militante justicialista, exiliada política y escritora nacida en 1944 en el barrio Tablada de la zona sur rosarina, reivindica el papel del peronismo en la historia argentina y convoca a generar consensos.
Berta Temporelli recibe con hospitalidad a quien la visite. Hoy está preocupada, teme que el guiso de lentejas que hizo no alcance así que sugiere un complemento de empanadas. Entre las flores que habitan el ingreso de su casa de barrio Saladillo se destaca una que nombra uno de sus libros: Ipomeas. Dentro del hogar, en la entrada, una yuxtaposición de imágenes conforma el santuario peronista de una vida militante.
De su boca verborrágica brotan anécdotas magníficas. Se mueve, atolondrada, con urgencia de contar tanta vivencia. Cada dos por tres habla de su difunto esposo, fiel compañero de militancia. Nombra a sus hijos y a sus nietos. Durante el almuerzo, su nuera se asoma por el pasillo. Luce el logo de Patricio Rey.
La compañera Berta nació antes de la fecha fundacional del peronismo, más precisamente el 15 de febrero de 1944. Vivió su infancia en Tablada, barrio al que se enraiza con orgullo justicialista. El otro de sus libros como solista se llama Una piba peronista y narra su andar en ese barrio popular.
Entre bocado y bocado, tanta palabra le enfría la comida; por eso vuelve a la cocina para calentarla. Habla de que tuvo que exiliarse embarazada con su marido en la dictadura cívico-militar-clerical-empresarial de 1976. Reivindica, en el oleaje de la historia oficial, a las sesentistas, a veces opacadas por la cresta de la ola setentista.
Berta formó parte de la resistencia peronista junto a su marido, Pedro Bluma. Interpreta que el peronismo debe ser alegre y combativo. Cual libro abierto, narra fragmentos de la historia quizá no tan conocidos. Realza la importancia que tuvieron las censistas en la época de Evita, incluso antes de la promulgación de la coloquialmente llamada ley de voto femenino.
Temporelli siempre es convocada por el Movimiento. Hace poco estuvo en la asunción de autoridades del Partido Justicialista (PJ). La docente jubilada es voz autorizada en la historia del partido. Ha sido convocada a hablar de la resistencia, del trasvasamiento generacional y de tanto más. La también narradora se considera, parafraseando a Leonardo Favio, “una peronista que escribe”. Nombra con cariño al músico y cineasta, patrimonio nacional orgulloso de su General. Además, trae al poeta Homero Manzi.
Como escritora, aparte de sus dos libros de autoría exclusiva, participó de 100 Evitas, antología colectiva fruto de una movida artística y cultural que, en 2019, celebró el centenario del nacimiento de la única reina a la que vistió Christian Dior. Hace un rato, Berta aceptó participar de Peronchas: la lealtad. Este libro de cuentos a publicar por Casa Patria Santa Fe, ópera prima de una colección que convoca a muchachas peronistas a narrar historias adyacentes a los hitos del Movimiento Nacional Justicialista, entrará a imprenta cuando se cumplan 80 años de la fecha fundacional del peronismo.
Temporelli no recuerda cómo “se hizo” peronista, afirma que siempre lo fue. Adoraba a Evita, seguía a Perón y, quizá por ser de otra generación, no percibe la misma admiración por las figuras de Néstor y de Cristina que por las de aquellos dos. Acostumbrada a ser entrevistada, comenta que hace pocos días la visitó una jovencita que estudia Comunicación Social. A ella también le mostró su altar peroncho y dejó que le sacara fotos. Su archivo visual peronista es un tesoro y no faltan las imágenes de su esposo.
Continuamente convocada, Berta ha tenido sus diferencias de lecturas políticas con más de un dirigente; sin embargo, asevera no tener problemas con nadie. La unidad no se construye con paladares negros. Semanas atrás, en un evento, llamó a construir consensos codo a codo a cierto referente nacional del peronómetro. Luego de la comida, entre mate y mate, cuenta que participa todo lo que puede, pero que ya no le da el cuerpo. A veces necesita ayuda para trasladarse y suele haber compañeros más jóvenes que se ofrecen a buscarla en auto. Todos hablan de la lealtad, todos hablan de la lealtad; pero Berta es la lealtad, así que ¡¿qué le vienen a hablar de la lealtad?!
En este tiempo de tan pocas unidades básicas, lejos de su época jovial, cuando brotaban como flores en primavera, Saladillo no queda cerca de la mayoría de los eventos que encabeza el peronismo, tan centralizado durante los últimos años. La voz de la militante incansable enhebra memorias de identificación peroncha. Describe cómo era militar en esos tiempos, sin tanta especulación. Se dejaba todo, se arriesgaba todo, una no se guardaba nada. Se obraba colectivamente, solidariamente.
Su generosidad y su compañerismo abren las puertas de la casa a quien quiera dialogar sobre peronismo. Ella se sabe objeto de estudio para quienes adoran las narrativas de los márgenes e intenta estar a la altura. No escatima en prestar sus libros, de los que quedan pocos; y asume que anda con expectativas de reimprimir Una piba peronista.
Berta Temporelli conserva un compromiso inquebrantable con la historia de la que fue parte, osada. Como mujer se ha bancado muchas cosas; sin embargo, no se identifica con cierta retórica ortodoxa –quizá, dogmática– de los feminismos: es doctrinaria. Sus labios finos disparan recuerdos que son memoria viva e incisiva.
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El levantamiento popular para sacar de la cárcel a Perón, preso por dignificar al pueblo trabajador, no alcanzó para que la oligarquía comprendiera –80 años después– que no se puede tapar el sol con la mano, que el peronismo es un síntoma: por mucho que intenten acallarlo, no podrán evitar su devenir. Pero 80 años antes de la caravana nacional hasta la celda-balcón de Cristina Fernández de Kirchner, a quien –como al león herbívoro– proscribieron e intentaron matar, nacía algo más que el peronismo: surgía, al unísono, el antiperonismo.
Bertita no puede mencionar “17 de Octubre” sin nombrar a Darwin Passaponti, estudiante de 16 años que fue asesinado en aquel 17 de 1945 por un balazo disparado desde la terraza del edificio donde yacía el Diario Crítica, medio opositor al gran conductor. Hace 80 años que existe el peronismo, no que gobierna. Hoy, entre gobiernos atroces en Argentina, en Santa Fe y en Rosario, la esperanza popular sigue latiendo en la capacidad tenaz de organización que sólo el justicialismo puede nuclear. El peronismo deberá volver, de la mejor forma que pueda, aunque las nieves del tiempo hayan plateado su sien.
Publicado en el semanario El Eslabón del 18/10/25
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Berta L. Temporelli
30/10/2025 en 13:31
Con 81 años todavía hay cosas que me conmueven. La nota que escribió Candela, «Qué le vienen a hablar de la lealtad» es una de ellas, auténtica, coloquial, sin rebusques, quizá con alguna imprecisíon respecto a mi biografia, que no es significativa, no estaba embarazada, pero partí con mi hijito de dos años en brazos al exilio. Si hubiera sido realizada este año no hubiera dudado en expresarle mi repudio ante la detención De Cristina, totalmente injusta. Reafirmo la emoción que me produjo leer la entrevista de Candela. Celebro que hayan jóvenes que se interesen por nuestra historia reciente, negada, ocultada, bastardeada por la historia o la prensa oficial que sabemos a los poderes que representan. Quizá yo no lo vea, pero sé que habrá un nuevo 17 con muchos y muchas Candelas al frente.