Este 26 de octubre el pueblo decidirá si quiere seguir viviendo en un país con moneda y bandera propias, por primera vez en forma literal. Ya habrá tiempo de discurrir cómo se llegó hasta aquí, lo crucial es saber si se puede salir y cómo.

Nunca, desde 1983, una elección de medio término tuvo tanto contenido dramático como la del próximo domingo. En ella se juega, nada menos, si la destrucción provocada por Milei y sus colaboradores se estrella contra la realidad y detiene su marcha o lo que parece un mundo paralelo pero se trata del tradicional programa de entrega se apodera para siempre de lo que hasta el presente se llamó Argentina.

Nada indica que el oficialismo libertario pueda ganar a nivel nacional, sólo se pueden inferir algunas victorias menores en Mendoza, Entre Ríos, la Ciudad de Buenos Aires y algún otro distrito en el que se sellaron alianzas con los poderes locales o el PRO. Se espera, asimismo, que el peronismo vuelva a derrotar a Javier Milei en territorio bonaerense, se palpita una excelente elección de Fuerza Patria en Santa Fe, y en general se percibe que el peronismo está lejos de aquel último clavo que cerraría el cajón de su sepultura.

Sin embargo, ese dato promisorio, que arroja esperanza en vastos sectores de la población golpeados por las extremas políticas liberales, que vienen siendo ejecutadas con una crueldad propia de un núcleo gubernamental perverso, amoral y despojado de cualquier asomo de empatía social, apenas puede operar como un freno en seco de lo que viene siendo un tsunami destructor de todo proyecto de nación.

A causa de la angustia por el día a día que habita en las familias de las grandes mayorías esa esperanza se traduce en modestos deseos, que van desde poder llegar a fin de mes, saldar la deuda de la tarjeta de crédito, poder volver a comer un asado por mes, hasta los reclamos más desesperantes, corporizados en conseguir trabajo, poder volver a acceder a medicamentos y a tratamientos de enfermedades graves. La demanda social tiene rasgos similares a los de un país que atraviesa una guerra y existe la posibilidad de un acuerdo para que cese el fuego. Pero la Argentina no está en guerra, está atravesada por un plan de crimen social sostenido por los peores actores del poder hegemónico local y extranjero.

Las imágenes que muestran la llegada de los aviones del JP Morgan a la Argentina son ilustrativas de un país invadido. Esas tropas financieras no se preocupan en disimular que vienen a supervisar un pliego de rendición que incluye las garantías para un nuevo préstamo. Y esas garantías son los recursos más preciados para cualquier economía y las empresas que aún permanecen en manos estatales.

A la cabeza de esa fuerza de tareas financiera llegó Jamie Dimon, el CEO de JP Morgan, pero en otros aviones del banco más importante de Occidente también arribaron el ex primer ministro británico Tony Blair y la ex secretaria de Estado norteamericana Condooleeza Rice durante el mandato de George W. Bush. En esta tragicomedia nunca sobra decir que el primero visitó a la Argentina hace 24 años y que la ex funcionaria yanqui, en ese mismo tiempo, le exigía al Ministerio de Economía argentino que se atara al “déficit cero”. Nadie olvida cómo terminó aquel período: apenas unos meses después, en diciembre de 2001, el gobierno de Fernando de la Rúa voló en mil pedazos.

Foto: Jorge Contrera | El Eslabón/Redacción Rosario

Jamás se ha visto una intervención yanqui de este tenor, a cielo abierto, desembozada, casi pornográfica, en la Argentina o en otro lugar del planeta, con el propio departamento del Tesoro interviniendo en el mercado de cambios vernáculo, sin otro motivo que sostener la divisa barata y que el gobierno títere de Milei llegue a los comicios del domingo 26 de octubre sin que le estalle en las manos una devaluación aún mayor que la que ya se produjo de hecho en estas últimas semanas.

Las condiciones de ese “rescate” son desconocidas, pero se sabe con claridad la predisposición a la entrega de soberanía por parte del sujeto que llegó a la Presidencia como una anomalía de la política. Las indecorosas escenas que dejó el último viaje de Milei a Washington mostraron al mandatario argentino sobreexcitado al exhibir su máximo nivel de sumisión y el otro, el Agente Naranja, con un único propósito perverso: coronar ese patético esfuerzo con latigazos humillantes, verbales y gestuales.

Desde la victoria del pasado 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, el peronismo parece haber encontrado en la figura del gobernador Axel Kicillof –luego de los indiscutidos liderazgos de Néstor y Cristina Kirchner– la síntesis que el Pueblo necesita para disputarle el gobierno a una derecha más criminal y despiadada que nunca.

Pero tanto el mandatario bonaerense como todo el peronismo deberían saber que en 2027, o cuando lo demande el estallido de la monumental crisis producida por este experimento execrable, será necesario disputar el poder, no tan sólo la administración política de la Nación.

El problema del agraviante estado de cosas que vive la Argentina no es tanto lo que se ve hoy, sino los condicionamientos que le depara a futuro al peronismo, único movimiento político con capacidad de revertirlo.

Restaurar lo dañado hasta ahora llevará años y un esfuerzo que ya no puede ni debe recaer sobre las espaldas del pueblo argentino. El peronismo sabe muy bien sobre quiénes debe recaer ese esfuerzo, el problema es que no siempre lo lleva a la práctica. Y esta no es hora de titubeos.

Publicado en el semanario El Eslabón del 24/10/25

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Un comentario

  1. Poder Venezolano

    08/12/2025 en 11:26

    Buen día.. rolitrancos de Gaf0s Viejo Horacio.. que vas a saber tu de la vida Venezolana. Opina demás malvinas, no opines de mi país.

    Responder

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