La pugna entre el coloso asiático y la potencia del norte se ha puesto candente. Exportaciones e importaciones, tierras raras, chips, derechos y estrategia son, en distintos niveles, los factores a considerar. Davos-Otan diseñan provocaciones.

Los miembros de los BRICS + se van acostumbrando a comerciar entre ellos y a dinamizar el intercambio con las naciones del ASEAN, de África y de América latina. ¡De la OPEP! Esto origina un resultado parcial bastante evidente: los Estados Unidos no logran que sus advertencias sean consideradas un problema grave para la República Popular China. Complicado panorama para una nación que encara los vínculos a partir de amenazas y de obtener respaldo aliado en el despliegue de las mismas. El atlantismo en su conjunto no está en condiciones de imponer exigencias; lo cual no significa que haya dejado de ser riesgoso.

Pocos días atrás el gobierno que lidera el presidente Xi Jingpin anticipó represalias contra Washington si el presidente norteamericano, Donald Trump, resolvía disponer nuevos aranceles del 100 por ciento a las importaciones chinas. Esa bravata del rubicundo atravesó el océano luego del planteo formulado por el Dragón sobre restricciones a la exportación de minerales de tierras raras. “Recurrir a amenazas de aranceles elevados no es la forma adecuada de relacionarse con China”, expresó sin ambages el Ministerio de Comercio que conduce Wang Wentao en representación del gobierno de Pekín.

“Si Estados Unidos insiste en actuar unilateralmente, China tomará con firmeza las medidas correspondientes para salvaguardar sus legítimos derechos e intereses”, agregó la cartera. “Nuestra posición respecto a una guerra arancelaria es clara: no la queremos, pero no le tememos”. La intensificación de las tensiones sacude estados y empresas pues agita temores de una nueva guerra de aranceles como la que sucedió meses atrás, cuando los gravámenes sobre las importaciones chinas y estadounidenses subieron hasta cerca del 145 y 120 por ciento, respectivamente.

El coloso asiático no ha perdido su serenidad, pero endureció su postura. La incertidumbre ha vuelto a caracterizar las relaciones comerciales justo cuando se aguardaba que Trump y Xi Jinping se reunieran en Corea del Sur. El locuaz jefe de Estado norteño, al retomar el tema de las tierras raras como ariete, ha puesto en duda la realización del cónclave. China no tiene razones para esbozar una retromarcha: de hecho, la oficina de Wang instó a Washington a “corregir cuanto antes su enfoque equivocado” y a “preservar los avances logrados con tanto esfuerzo en las negociaciones”.

El gobierno chino calificó sus nuevas regulaciones sobre tierras raras como una “medida legítima” y responsabilizó a los Estados Unidos por la más reciente escalada, señalando que la administración Trump resolvió medidas restrictivas contra China apenas dos semanas después de la última ronda de negociaciones comerciales celebrada en Madrid. Desde entonces, Washington añadió varias empresas chinas a su nómina de control de exportaciones, además de imponer aranceles especiales de puerto para barcos de esa nacionalidad. Se ha dicho que, en materia económica, cuando la estafa es enorme adopta un nombre decente.

“Las acciones de Estados Unidos han dañado gravemente los intereses de China y han socavado el ambiente de las conversaciones económicas y comerciales bilaterales. China rechaza enérgicamente estas medidas”, expresó el Ministerio en cuestión. Vale precisar que las medidas de control sobre tierras raras anunciadas desde Pekín, contemplan una lista ampliada de minerales restringidos y mayores controles sobre las tecnologías de producción y el uso en el extranjero, incluyendo aplicaciones militares y de semiconductores.

Ese horizonte cercano implicará una presión elevada sobre las industrias globales y las cadenas de suministro tecnológico que dependen de estos minerales para fabricar dispositivos electrónicos, semiconductores, automóviles y aviones de combate. Trump calificó esa medida en Truth Social como sorprendente y “extremadamente hostil”. En su estilo, insertó un extraño concepto. Dijo que implicaba una “vergüenza moral en el trato con otras naciones”. ¿Vergüenza moral? En realidad, hasta economistas ortodoxos estadounidenses evaluaron las medidas de Pekín como un reflejo de las restricciones que los Estados Unidos han impuesto por años, restringiendo su exportación de chips o equipos de fabricación de chips a China, desde su nación y desde terceros países.

Obviamente, el Ministerio de Comercio chino afirmó que la reacción del Norte ante las nuevas reglas sobre tierras raras demuestra su doble rasero. “Durante mucho tiempo, Estados Unidos ha sobreutilizado el concepto de seguridad nacional y abusado de los controles de exportación, adoptando medidas discriminatorias contra China e imponiendo restricciones unilaterales de «jurisdicción extraterritorial» sobre una amplia gama de productos”. La lista de control de exportaciones de los Estados Unidos abarca más de 3000 artículos, en comparación con poco más de 900 en la lista de China.

La administración de Xi ha criticado durante mucho tiempo a Washington por ejercer control más allá de sus fronteras mediante normas de exportación que prohíben a empresas de terceros países suministrar a China chips fabricados con tecnología estadounidense. La decisión comunicada por China esta semana señaló una modificación en su estrategia, al adoptar tácticas similares.

En una entrevista con Fox Business Network, transmitida dos días atrás, Trump admitió que su alza arancelaria “no es sostenible, pero esa es la cifra. Me obligaron a hacerlo”. Las medidas, según explicó, apuntan a proteger la industria tecnológica estadounidense y a presionar a Pekín para que reduzca su control sobre la cadena global de suministros. En sintonía con como te digo una cosa, te digo la otra, Trump afirmó que planea reunirse con el presidente chino dentro de dos semanas en Corea del Sur, luego de haber puesto en duda ese encuentro.

La impotencia norteamericana se refleja en esos vaivenes. Según el analista Pepe Escobar, China acaba de dar vuelta la situación, lo cual implica el fin del juego para los Estados Unidos y su guerra comercial. Explicó que los nuevos controles de exportación sobre minerales de tierras raras vitales de China lo han cambiado todo. Mientras tanto, nuevas filtraciones sugieren que Rusia está armando a Irán con SU-35 para una eventual guerra con Israel. Es que al no poder doblegar a los asiáticos, se intenta provocar a los rusos. “El caos de Trump se vuelve en su contra”, señaló Pepe en una entrevista realizada por Danny Haiphong.

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Pero hay más. Cabe considerar que a partir del boom de los commodities, sobre comienzos de siglo, China se viene relacionando con América latina a través del comercio, los préstamos y las inversiones. Con un avance persistente, superó hace cinco años al menos a la Unión Europea como segundo socio comercial del subcontinente. En varias naciones ya está por encima de los Estados Unidos. El gobierno de Trump está desarrollando, este año, una diplomacia coercitiva que no logra competir con los recursos concretos ofrecidos por el gigante milenario. En Occidente las personas conocen el precio de todo, pero ignoran el valor de cada cosa.

Considere, lector, el parecer de especialistas de variadas orientaciones. El experto en temas asiáticos José Luis León-Manriquez, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, puntualizó ante el cuadro descripto, que “El panorama está cambiando. Algo que no era una «Guerra Fría 2.0» se está convirtiendo en eso. Ninguna potencia alternativa a los Estados Unidos tuvo desde el fin de la Primera Guerra Mundial una presencia tan importante en la región como China”. Sin embargo, Washington “tardó mucho en reaccionar. Cuando despertó de este sueño de que América latina sólo se gobernaba con políticas neoliberales, se dio cuenta que China ya era el primer, segundo o tercer socio comercial”.

Por su parte, David Castrillón-Kerrigan, profesor de la Universidad Externado de Colombia e investigador de la política exterior de China y Estados Unidos, indicó: “Que Estados Unidos pretenda regresar a un discurso de bien o mal resulta anacrónico, no resuena en la región en los tiempos en los que vivimos. Eso no quiere decir que no ponga presión y tenga efectos reales. Está amenazando, ejerciendo su poder y puede lograr algunos objetivos”. El docente subrayó que los países de América latina tienen “necesidades apremiantes, de desarrollo, infraestructura” y por ende “buscan soluciones de donde vengan, con socios que estén disponibles”.

Asimismo, Zara Albright, investigadora de la Universidad de Princeton, especializada en las relaciones de América latina con ambas potencias, expresó en dirección semejante que “La estrategia de Estados Unidos ha sido más de amenazas que de incentivos”. La politóloga, indicó que una estrategia más sostenible para Washington, en lugar de la coerción, sería apuntar a financiamientos de proyectos de valor agregado, ya que China se ha enfocado en los productos primarios, pero ese incentivo no parece estar por ahora en la lista de opciones de los Estados Unidos. Al respecto, sólo cabe subrayar: es que no puede.

Los minerales de tierra rara se usan para todo tipo de productos tecnológicos, incluidos teléfonos celulares | Foto: Getty Images

Nuestro compañero en la Gráfica –medio autogestivo de Barracas–, geógrafo de la Universidad de Buenos Aires y periodista, Néstor Gorojovsky, puntualizó que “lo que realmente importa de las «tierras raras» es el proceso de refinación de estos elementos químicos, de comportamiento muy similar y por lo tanto de muy difícil separación. China es el único país del mundo que domina plenamente está técnica, a cuyo desarrollo su Estado dedicó grandes esfuerzos desde la década de 1990”. Añadió enseguida que “Siempre es importante acceder a los yacimientos y las reservas (las de la Argentina, de paso sea dicho, aún no han sido claramente determinadas aunque pueden ser importantes). Pero la centralidad de la gran potencia industrial del Extremo Oriente está dada mucho más por el «know how» (lo que sabe hacer) que por la de todos modos no despreciable dimensión de sus reservas”.

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Volvamos al primer párrafo. En abril, cuando los Estados Unidos lanzaron su ofensiva arancelaria, las exportaciones chinas a ese país ya se habían reducido; ahora, mientras se realiza este artículo, siguen menguando. Esto significa que, aun si se registrara una ruptura integral entre ambos protagonistas, la economía asiática no se vería dañada. En realidad, el objetivo de Xi Jinping es llevar al límite la posibilidad de diálogo hasta alcanzar un equilibrio entre las necesidades propias y las ajenas. El dilema radica en que para los norteamericanos ese concepto, el de equilibrio, no es otra cosa que primacía.

Las economías de ambas naciones están entrelazadas. Si llegan a desacoplarse, explican los especialistas ante la consulta de este narrador, China tiene un entorno multipolar adecuado para seguir adelante, mientras los Estados Unidos sólo pueden recurrir a laderos deficitarios como los del centro occidental. Se percibe que los planes de contingencia de uno y otro son diferentes. No necesariamente por torpeza norteña, aunque las dificultades están haciendo tropezar a Trump; lo que sucede es que, aun cuando el estentóreo aprehenda el sentido del presente, está cargando con décadas de imprevisión y deterioro. Como contracara derivada del vigor que implica el crecimiento, China no tiene intención de chocar con su adversario. Puede ganar, pero está fascinada con la idea de coaligar civilizaciones en base al respeto.

El pueblo norteamericano consideró pertinente la promesa trumpiana de reindustrializar la nación. Eso no se está revelando sencillo. Su Estado está penetrado por los intereses rentísticos y las compañías que podrían liderar el renacer son conglomerados carentes de un sentido patriótico que las impulse a realizar esfuerzos con tal objetivo. Las gerencias de esos espacios, ante la exigencia presidencial de mudar sus ejes productivos para limpiar el óxido, sólo se preguntan ¿por qué vamos a hacer eso? Es que después de liderar –Consenso de Washington mediante–, la globalización, estos Estados Unidos desterritorializados pretenden virar su propia acción previa y modificar las tonterías neoliberales que impusieron a otros y con las cuales se flagelaron a sí mismos.

Mientras la UE y la OTAN exigen a sus miembros canalizar el grueso de sus recursos hacia las corporaciones financieras y el área de Defensa, y gastar en combustible fósil mucho más que lo habitual hasta el inicio del reciente tramo del conflicto en la frontera euroasiática, los BRICS + y la Organización de Cooperación de Shanghai incentivan a sus asociados para que fomenten la Franja y la Ruta, promuevan inversiones productivas y acentúen el intercambio horizontal. Este cuadro de situación implica que, ahora mismo, cuando el centro occidental necesita fortalecerse para mejorar su economía, las recetas planteadas en su área de influencia derivan en retracción y complicaciones renovadas.

Ver para entender. Sólo es preciso atisbar la situación que atraviesan Alemania y Francia, por no ir más lejos. Han aplastado toda herencia labrada por Konrad Adenauer y Charles De Gaulle y han admitido las fórmulas del deterioro acelerado. Aunque nadie lo perciba, una contracara (no la única, claro, pero se la incluye aquí para apremiar el sentido común) bien puede observarse en Arabia Saudita. Ni siquiera la influencia extraordinaria lograda por el Reino Unido y su amigo americano sobre la criminal monarquía, alcanzó para evitar un vuelco orientado, con sencillez, por los beneficios duros.

Ahora bien, aunque para quien transita esta secuencia las opciones pueden resultar nítidas, es preciso entender que el tándem Davos-OTAN está conformado por una trama de nervaduras que lo inducen al conflicto como modo de supervivencia. No es el Sol quien le provee la luz destinada a la fotosíntesis, sino el resplandor originado por la detonación de armas con gigantesco poder destructivo. Por eso resulta necesario afrontar este borde del presente con sumo cuidado. Pese a la retirada parcial en Gaza, las provocaciones de Israel sobre el Líbano e Irán se van a redoblar, la propaganda anti rusa puede brindar el clima adecuado para alguna agresión que fuerce una réplica. Y algún esbirro fuera de foco quizás intente ocupar por un instante el centro de la escena.

*Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

 

Publicado en el semanario El Eslabón del 24/10/25

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