Pese al clima de desencanto poselectoral, la vida sigue. Algunas recomendaciones para recordar que las clases populares tenemos una identidad en disputa, y que no hace falta demasiado para encontrarnos con un destino mejor.
Pasadas las últimas elecciones, el clima social reinante cobija dos grandes tendencias. Por un lado, quienes desean desde lo más profundo la huida en helicóptero de los miembros del gobierno nacional. Por el otro, para quienes la vida sigue creyendo que el resultado de los comicios no va a alterar sustancialmente su cotidianeidad ni sus condiciones de vida. Respecto al primer grupo la desazón, la desilusión, la frustración son los sentimientos más recurrentes. La primera reacción es el enojo. El no entender cómo gente que no la está pasando bien vota en contra de sus intereses. El segundo grupo también se encuentra apremiado por la realidad pero su percepción es que los cambios tienen que llegar por voluntad del poder económico. No se siente llamado a luchar por conseguir mejores condiciones de vida. Es más, lo conflictúa la movilización social. Tendemos a buscar explicaciones que nos brinden motivos racionales acerca de la victoria de los sectores más concentrados del capital. Buscamos razones políticas, sociales, económicas, culturales. No las hay. No existe explicación. Quizás no sea momento de buscarlas. Tal vez el desafío hoy sea cambiar de actitud.
La cultura en la que estamos inmersos no puede transformarse de un día para el otro. Los dueños del poder real tardaron más de 40 años en consolidar los valores que hoy encarna la meritocracia. El individualismo, el fetichismo de las marcas que generan prestigio social, los estereotipos como mandatos, los valores hegemónicos en todos los aspectos de la vida de las personas, no sólo en los materiales sino también en los actitudinales. Los medios digitales contribuyen a profundizar la alienación, que ya no es la del trabajo repetitivo como en tiempos del industrialismo. Es una alienación cognitiva. Un agotamiento de las energías creativas, una falta de ganas, de incentivos, de voluntad de transformar la realidad que cada vez nos resulta más violenta. La inmediatez impide poder pensarse en otra situación. La fantasía se estrella con las pantallas de los celulares, que le dan forma y contenido a los sueños, a los anhelos, a los deseos de las y los trabajadores para quienes el sacrificio indefinido e infinito es la única posibilidad de concretar alguno de ellos.
El consumo como realización personal
Muchos aspectos de nuestras vidas fueron sucumbiendo a la comercialización. El marketing de las grandes empresas transformó nuestra cotidianeidad. Transformó los lugares de encuentro en lugares de consumo. Podemos constatar la diferencia entre un bodegón de barrio en el que todos se conocían o el bufet del club social, y el desplazamiento que sufrieron en manos de las cadenas de comida rápida más allá del resurgimiento en los últimos años de las cantinas en los barrios chetos de Buenos Aires. Las franquicias inundan la ciudad y el país entero de no lugares, muchas veces de marcas extranjeras que son sinónimo de estatus social. La industria cinematográfica estadounidense logró hacer deseable el sueño americano.
Allí comienza una disputa por el sentido y el valor de nuestros bienes sociales. Del mismo modo se fueron perfeccionando los mandatos del modelo económico, político y cultural de dominación. Según Byung Chul Han el turismo es una de las actividades en las que el sistema circunscribe una experiencia a las necesidades del consumo. Viajar, conocer culturas y personas, se transforma en actividad turística en la que no aparece lo nuevo, lo otro, lo diferente. Los mismos negocios, las mismas franquicias se repiten en todas las latitudes. Las experiencias previsibles y seguras, la repetición al infinito de lo mismo. Y el registro fotográfico y audiovisual nos inscribe en el circuito publicitario de la actividad. El viaje se convirtió en una actividad planificada por empresas, organizadas por guías turísticos y con circuitos predeterminados. La experiencia no es vivencia sino artificio.
La colonización de nuestro país se fue perfeccionando a lo largo de nuestra historia. Los mecanismos de manipulación utilizados se fueron complejizando. Hubo estrategias a mediano y largo plazo sostenidas por tácticas coyunturales que se fueron profundizando y que tienen como función naturalizar determinadas actitudes, pensamientos, discursos y, con ello, afianzar determinados valores. El individualismo, la fragmentación, el éxito como acumulación, la realización del individuo en soledad. La asistencia de la medicina para poder ser productivos es otro de los aspectos a ser tenidos en cuenta. Las publicidades televisivas son claras en ese sentido. Si hay dolor, se busca esconder el síntoma. No se deja de trabajar. Fingir demencia es la consigna. Pero de tanto fingir la demencia se nos hace carne.
Más conectados, más solos
La relación con los animales también es una clara muestra de esta nueva cultura. Que los perros y gatos se vuelvan más importantes en nuestras vidas que los propios seres queridos, tiene un sentido: el de evitar la conflictividad. Los medios de comunicación masivos, en especial la TV de los años 90, se encargaron de dinamitar las relaciones afectivas instalando la duda permanente acerca de la fidelidad de los afectos. Los engaños en la pareja, los hermanos que se pelean por la herencia, el trabajo por sobre el cuidado de los hijos, se repetían en todas las series, recurrentemente en un intento de sembrar un clima de desconfianza. Si bien no es lineal, ni se dio en un período de tiempo corto, la naturalización de estas cuestiones fue modelizando primero las actitudes, y luego produciendo un pensamiento justificatorio de maltrato a los afectos. Cada vez hay más gente viviendo sola. En este contexto, los animales domésticos vinieron a reemplazar las relaciones traumáticas. El fenómeno de la humanización de las mascotas tiene un sentido más que claro: los animales son mi mejor familia porque nunca me van a plantear nada. En esta etapa histórica el amor es la ausencia de conflictos.
Los espacios públicos son cada vez menos y aun así los pibes y las pibas los habitan. En los barrios populares hay vida en la calle, necesariamente, porque la vereda es el ambiente que le falta a la casa. En un contexto de percepción del otro como competidor, las situaciones de conflicto se multiplican. Las bandas narcos ejercen el control sobre determinados territorios desde el terror. Los sectores más vulnerables, que son los que debería representar el peronismo, votaron en su gran mayoría por el oficialismo. ¿Quién habla de ellos? ¿De sus necesidades, de sus posibilidades de subsistencia, del trabajo que necesitan? ¿Quién habla de sus hijos sin estigmatizarlos por hacer el único laburo que se les presenta? Nadie. Se habla de micro y macroeconomía, de entrega de recursos naturales que nunca van a conocer, de empresas en las que nunca van a trabajar, se habla de recuperar derechos que nunca tuvieron.
Volver a representar, esa es la cuestión
La política le dejó de hablar al pobre. Habla, en general, a una sociedad disgregada en la que los individuos no se sienten interpelados por lo colectivo. La dirigencia es neoliberal, no porque pretenda favorecer a los capitales concentrados, ni a los dueños del poder, sino porque ejerce el poder del modo en que lo hacen los patrones, porque repite modos de construir organización basados en una participación ficticia dándole la palabra a los vecinos, pero no haciendo nunca lo que éstos necesitan. Las necesidades reales de la gente en el mejor de los casos se ven reflejadas en los discursos, pero no son prioridad cuando los dirigentes llegan a lugares de poder. La participación baja en contextos como estos por la disociación que existe entre lo que se plantea discursivamente y lo que se sostiene como práctica.
La participación es necesaria para enfrentar al poder concentrado, la unidad de acción y la movilización van a ser fundamentales en la etapa que se viene. La construcción de una subjetividad grupal depende de la apertura mental que tengamos y de la capacidad de desenchufarnos de los dispositivos que alimentan esta idiosincrasia. Poder construir un modo de ver el mundo, una manera de pensar que nos permita soñar con un futuro mejor, es imperioso.
Para poder avanzar en este sentido, tenemos que poder valorar todo lo que venimos haciendo, a título personal y colectivo. La crianza de nuestros hijos, la participación en diferentes ámbitos y organizaciones, la solidaridad, el compañerismo, el respeto entre las diferentes organizaciones del campo popular, aflojar a eso de dejar el tendal de heridos en cada armado de listas, que puedan llegar compañeros sin recursos pero que tienen representación real en el territorio, tener una agenda común para no pisarse en las actividades que se realicen, son algunas de las cosas que podemos hacer para mejorar las condiciones de existencia de un espacio político, social y sindical que le dé la disputa al poder real.
El único modo de enfrentar a quienes tienen recursos ilimitados es volver a recuperar esa vida de barrio basada en la identidad del laburante, que se siente orgulloso de ser, y no de tener. Para los cuales la guita es sólo un medio y los afectos son lo más importante de la vida. Nos asiste la historia del movimiento obrero, de las clases populares, nos acompañan nuestros héroes, desde los bandidos rurales hasta el Diego, todos aquellos que demostraron que se puede pelear por lo que uno ama.
No es momento de lamentarse y de deprimirse, es tiempo de volver a vivir como realmente somos, de sentirnos dignos de esta vida. De viajar sin ser turista, de darle un lugar más importante en nuestras vidas a los afectos, de volver a conocer a los vecinos, de armar jodas en las casas. Enseñémosles a las y los pibes a trepar a un árbol, a armar un mojarrero, a jugar al elástico y a divertirse con muy poco. Es tiempo de reírnos juntos, de amar, de divertirse, porque el entretenimiento que nos proponen no tiene nada de compartir y porque tenemos que enseñarles a los que vienen atrás cómo se puede vivir mejor.
Publicado en el semanario El Eslabón del 01/11/25
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