Cómo transmitir la historia reciente a las nuevas generaciones, qué estrategias seguir en tiempos de negacionismo y discursos de odio, y cómo construir en los principios de memoria, verdad y justicia cuando los propios estudiantes aseguran estar “hartos del tema” y a la vez reconocen “que poco saben”. Parte de las preguntas que recorrió la educadora Celeste Adamoli en el seminario Rondas y pañuelos. Pedagogía de la memoria desde las escuelas, organizado por la Ctera, Abuelas e Hijos Capital.
El seminario arrancó en mayo de este año, el del lunes 10 de noviembre pasado fue el último de cuatro. Todos los encuentros –disponibles en Youtube– trabajaron sobre los ejes de derechos humanos, democracia y formación docente. Y resultaron preparatorios para los 50 años del golpe de Estado cívico militar que se cumplirán el 24 de marzo próximo. La Ctera ya proyecta para ese entonces un gran congreso pedagógico.
Al cierre del seminario, la secretaria general de la Ctera, Sonia Alesso, agradeció a las y los docentes de todo el país que participaron de esta formación y en especial a quienes lo pensaron: las profesoras Mariana Caballero (Amsafé) y Patricia Romero Díaz (Suteba), junto a un gran equipo de trabajo.
Alesso dedicó este trabajo a “las luchas históricas de nuestros organismos de derechos humanos y a los más de 700 docentes detenidos desaparecidos por la dictadura”.
Al inicio de su disertación, Celeste Adamoli celebró la realización de este seminario que parece estar “a contramano de este tiempo”. La educadora es magíster en ciencias sociales, licenciada y profesora en sociología, dirigió el Programa Educación y Memoria del Ministerio de Educación de la Nación, y actualmente la Coordinación de Políticas Educativas de Memoria y Derechos Humanos de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires. Participó junto a los historiadores Federico Boido y Santiago Allende del último encuentro de este seminario de Ctera.
Adamoli se centró en qué es la pedagogía de la memoria: las preguntas y los desafíos que tiene por delante, a poco de los 50 años del golpe. “Medio siglo”, subrayó la educadora.
Consideró clave repasar el andamiaje teórico en el que se sustenta la pedagogía de la memoria, “para volver a pensar las prácticas”. A modo de ejemplo, recordó que “no es lo mismo enseñar la Revolución Francesa en el aula que la última dictadura”. Seguramente –continuó– cuando estamos en el aula se suscitan debates, que son incómodos, interpelan subjetividades, son cuestionados como en este momento que transitamos, por eso hay una especificidad en la pedagogía de la memoria”.
Esta pedagogía –explicó– se va a preguntar cuál es la manera más efectiva para que estos temas lleguen a la escuela y tengan alguna potencialidad, “para que no sea, como dice la politóloga Pilar Calveiro, «un relato seco»”.
Adamoli apreció que a casi 50 años del golpe, lo que se observa es una fuerte presencia y compromiso de estos temas de memoria en las aulas, pero también una advertencia a la que hay que atender: “Calveiro dice que «toda repetición del relato puede secar los oídos de quien lo escucha»”.
Para la educadora, es necesario ser “muy conscientes en que tenemos que renovar las formas de enseñanza”, sin dejar de lado las convicciones. Abogó por nuevos modos de interpelar a las nuevas generaciones sobre ese pasado que cada vez está más lejano, no solamente para los estudiantes sino también para quienes son los docentes en ejercicio hoy, que nacieron en democracia y tienen otros recorridos.
“La pedagogía de la memoria se enfrenta hoy a ese desafío de revitalizar un pasado que aparece cada vez más seco, cada vez más alejado, que parece no tener tanta conexión con el presente”, dijo Adamoli.
Se apoyó en las reflexiones de la socióloga Elizabeth Jelin para recordar que “la memoria es un trabajo, que no es natural” y los docentes argentinos han tenido un “papel activo la memoria sea hoy lo que es”.
Adamoli convocó a conocer y valorar qué pasó en ese “camino para recuperar la memoria, la verdad y la justicia” en cada década de la democracia y el trabajo docente. Trajo a la charla la investigación de Nadia Zysman De la subversión marxista al terrorismo de Estado, que muestra cómo aparece este debate en la escuela desde aquel documento de 1978 Subversión en el ámbito educativo a la ley de educación nacional (26.206) que establece (artículo 92) enseñar sobre el terrorismo de Estado. “Esa inclusión en la ley nacional no ha sido natural sino que ha habido un trabajo”, destacó la educadora.
Discursos negacionistas
A propósito de este recorrido, Adamoli advirtió que ante la aparición de los discursos negacionistas es cuando resurge la pregunta sobre qué va a pasar en la escuela. Es una preocupación general, más allá de la vigencia de la ley de educación nacional que resguarda esta enseñanza.
La respuesta a esta preocupación es pensar en los 50 años del golpe y los desafíos de la pedagogía de la memoria en este tiempo complejo. Lo primero que señaló es que no se puede pensar nada de manera aislada. Recordó que las y los estudiantes acceden a los discursos negacionistas y de odio que circulan todo el tiempo por las redes y discuten con lo que les plantea la escuela en relación a la memoria.
“El desafío que tiene la memoria de formar parte de una agenda más amplia”, propuso la educadora y llamó a recuperar una pregunta histórica para la escuela: “¿Qué ciudadanos formamos hoy?”. Sostiene que la pedagogía de la memoria tiene un lugar clave, pero que a la vez debe dialogar con otros espacios transversales como son los temas –también de derechos humanos– de la participación, el ambiente, la ESI, la interculturalidad, los derechos de niñas, niños y adolescentes, y cómo pensamos las nuevas tecnologías, entre otros.

Otra cuestión decisiva para pensar –dijo Adamoli– es la inscripción de la memoria en el formato escolar. Entre otras apreciaciones, destacó la importancia de plantear contenidos por niveles, de ofrecerlos de manera progresiva. Trae como ejemplo de la importancia de esta estrategia lo que han expresado los jóvenes en algunas reuniones: “Por un lado nos dicen que están hartos de escuchar hablar sobre este tema y al mismo tiempo no saber lo suficiente”. Consideró que cuando se los escucha, lo que dicen no es tan contradictorio como parece; y puso como ejemplo cuando se trabajan los “cuentos censurados en dictadura” en inicial, primaria y secundaria, pero siempre lo mismo, sin profundizar en lo específico para cada nivel.
Para Adamoli otro gran desafío es la pregunta por los 50 años del golpe, mucho tiempo para quienes están en las escuelas: “Cuesta pensar que todavía están los nietos que seguimos buscando, los juicios que siguen abiertos, es difícil pensar en un pasado que no ha pasado. Hay que hacer un esfuerzo para que la pedagogía de la memoria dialogue con la gramática escolar, para que de alguna manera pensemos en términos de Pilar Calveiro, y que no pierda la vitalidad. Para quienes hemos trabajado en la escuela los temas de memoria, nuestro desvelo es que sigan convocando a algo, sigan movilizando aun cuando incomoden, que permitan entender el tiempo presente y también algo de orden del futuro”.
Palabras clave
Para ejemplificar sobre la inquietud por cómo sostener viva la memoria en la escuela, Adamoli compartió que en la provincia de Buenos Aires hay cada vez más escuelas que –por decisión de las comunidades educativas– llevan nombres de personas desaparecidas, de veteranos de Malvinas, o que aluden a la soberanía, por ejemplo. Todo eso habla –señaló– de la recuperación del pasado, pero a la vez del desafío de cómo hacer para que no quede sacralizado en una placa, en un lugar, y cómo revitalizar la historia.
En ese camino de construcción a 50 años del golpe –por decisión del director Alberto Sileoni y el gobernador Axel Kicillof– este año presentaron el libro Palabras clave (para una pedagogía de la memoria), “un libro de referencia, una especie de diccionario con vocabulario crítico, con ciertas cuestiones comunes de cómo pensamos este pasado”.
El libro reúne 50 palabras que se han construido en talleres de formación. “Es un libro en el que no está la última palabra, invita a elaborar la palabra 51. Un libro que tiene –por ejemplo– el concepto de 30 mil, porque hay que poder explicar este concepto, cómo se llega a esa cifra. El libro trata de acercar argumentaciones acompañadas de bibliografía y trabajos académicos”. Lo describe como un aporte para “volver a pensar lo común, ayudar a pensar este presente cada vez más complejo, donde siempre estén la memoria, la verdad y la justicia”.
El libro está orientado para las y los docentes de educación secundaria, superior y para quienes estudian para ser docentes. Se presenta como “una herramienta para abordar el terrorismo de Estado y los derechos humanos en las escuelas”. Los términos que presenta suman “historicidad y las discusiones que los rodean”. El libro Palabras clave está disponible en internet, es de acceso libre y gratuito.
Publicado en el semanario El Eslabón del 15/11/25
¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.