Más allá de la serie de suspenso sobre el ganador, la injerencia de Donald Trump en favor del candidato Nasry Asfura (que incluyó amenazas a los votantes, y el indulto a un ex presidente hondureño preso por narcotráfico en Estados Unidos) no necesita escrutinio. El imperio necesita más gobiernos cipayos en la región.
Al cierre de esta nota, el Consejo Nacional Electoral (CNE) todavía no dio a conocer quién ganó las elecciones presidenciales de Honduras, en el contexto de una contienda extremadamente ajustada entre dos candidatos de derecha, Salvador Nasralla, del Partido Liberal, y Nasry Tito Asfura, del Partido Nacional. Por ley, la CNE tiene hasta 30 días para dar a conocer los resultados finales.
Con más del 99,40 por ciento de los votos escrutados, Asfura encabeza el conteo, seguido muy de cerca por Nasralla, que denunció “un fraude monumental”. Por su parte, la candidata del Partido Libertad y Refundación (Libre), Rixi Moncada, sigue en tercer lugar.
El escrutinio viene lento y tuvo muchos inconvenientes. El sistema electrónico de transmisión presentó fallas técnicas, generando tensiones entre los simpatizantes y los equipos de campaña. Como en una serie de suspenso, el primer puesto cambia de manos con cada nuevo conteo.
Según informó el portal de noticias del canal venezolano Telesur, previo y durante la publicación de estos resultados, la candidata Moncada, con el respaldo de la presidenta Xiomara Castro, ha venido alertando sobre un supuesto “hackeo” del Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP). Ambas líderes denunciaron un “plan de sabotaje” y una “guerra psicológica” dirigida a manipular la voluntad popular. En este contexto, Moncada había solicitado a la ciudadanía mantenerse “en pie de lucha hasta obtener los resultados finales con el 100 por ciento de las actas”.
“Agradecida con el Partido Libre y nuestro pueblo, que masivamente salió a votar por mi propuesta de reforma económica y democrática. Les solicito mantenernos en pie de lucha hasta obtener los resultados finales con el 100 por ciento de las actas presidenciales, alcaldías y diputaciones”, publicó en su cuenta de X.
Agradecida con el Partido Libre y nuestro pueblo, que masivamente salió a votar por mi propuesta de reforma económica y democrática. Les solicito mantenernos en pie de lucha hasta obtener los resultados finales con el 100% de las actas presidenciales, alcaldías y diputaciones.…
— Rixi Moncada (@riximga) December 1, 2025
Alta injerencia
El imperio lo hizo otra vez. Siguió el viejo y gastado manual de injerencia en América Latina, que incluye amenazas de distintos tipos (militar, económica y propagandística), y apoyar, con todos los medios a su alcance, al candidato que más responde a sus intereses. Mientras mantiene su flota en el Caribe y el bloqueo al espacio aéreo de Venezuela, intenta sumar un gobierno más a la lista de administraciones entreguistas, alineadas con los intereses imperiales y las políticas para su “patio trasero” que implican hambre, saqueo de recursos, violencia institucional, desprecio por la soberanía y la autodeterminación, y pérdida de derechos para las grandes mayorías.
En Argentina, Javier Milei, (con mandato hasta 2027); en Bolivia, Rodrigo Paz Pereira (2025-2030); en Ecuador, Daniel Noboa (2025-2029); en El Salvador, Nayib Bukele (2024-2027); en Panamá, José Raúl Mulino (2024-2029); en República Dominicana, Luis Abinader (2024-2028); en Costa Rica, Rodrigo Chaves (2022-2026). Y en Chile, si bien la candidata progresista Jeannette Jara ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 16 de noviembre, nada está definido. En la segunda vuelta (14 de diciembre) la derecha unida podría llevar a la presidencia al ultraderechista y pinochetista, José Antonio Kast, engordando todavía más el listado de gobiernos entreguistas.
El presidente de Estados Unidos pidió a los hondureños apoyar a Asfura, y acusó a sus rivales (muchos de ellos de derecha) de representar el “avance comunista” y ser aliados de líderes como el venezolano Nicolás Maduro.
El aspirante conservador agradeció y celebró este apoyo, mientras que los otros dos principales candidatos criticaron al magnate republicano, despechados.
En una publicación en su red social, Truth Social, el mandatario estadounidense se refirió a Asfura como el “único verdadero amigo de la libertad en Honduras” y agregó que podrían trabajar juntos para luchar contra sus adversarios. En ese sentido, también elogió el pasado de este candidato como alcalde de la capital hondureña, Tegucigalpa, donde a su criterio ayudó a llevar agua a millones de personas.
Trump demonizó a la candidata oficialista, Rixi Moncada, que aspiraba a suceder a la actual mandataria, Xiomara Castro. El magnate utilizó la apolillada retórica de la Guerra Fría: “Es cercana al comunismo”, dijo del mismo modo que lo ha hecho en su momento durante la campaña electoral por la alcaldía de Nueva York ganada finalmente por el socialista musulmán Zohran Mamdani.
El mandatario estadounidense (que se autopercibe como presidente del mundo) mencionó que Nasralla “es parte de un intento por engañar a la ciudadanía para dividir el voto”.

La extrema derecha en la región
El profesor de Asuntos Internacionales de la UGAF Stanley Wade Shelton, (Universidad de Georgia), y profesor de investigación distinguido en la Universidad de Georgia (Estados Unidos), Cass Mude, marca el 2024 como un año crucial para el avance de las derechas: “El súper año electoral 2024 se caracterizó por tres acontecimientos interconectados: la derrota de los partidos gobernantes; el éxito de la ultraderecha, y la erosión de la democracia liberal. Todos estos acontecimientos han caracterizado a la mayor parte del siglo XXI, lo que significa que 2024 no fue realmente un año de transformación, sino que, más bien, dio otro fuerte impulso a tres acontecimientos en curso, que se seguirán sintiendo en los años venideros”, afirma en la nota titulada “La amenaza de la extrema derecha en América Latina”, publicada en la edición 2025 del mensuario Le Monde Diplomatique.
El autor considera que la región “siempre ha sido complicada para los gobernantes elegidos democráticamente, al tiempo que el retroceso democrático y el resurgimiento autoritario también tienen una larga historia”.
Mude diferencia el auge de la ultraderecha en Europa, basado –entre otros factores– en la xenofobia y el rechazo a los inmigrantes, postura que se conoce como “nativismo”, de lo que ocurre en América Latina. Y en este sentido, menciona un reciente estudio realizado por André Borges y Lisa Zanotti, titulado “Authoritarian, But Not Nativist: Classifying Far-Right Parties in Latin America” (“Autoritarios pero no nativistas: Una clasificación de los partidos de ultraderecha de América Latina”), Sage Journals, 2024.
La investigación señala que los dos subtipos más comunes de ultraderecha en América Latina son los “fundamentalistas autoritarios” y los de “mano dura”: los primeros se centran en el conservadurismo religioso; los segundos, en políticas de ley y orden. Además, señala la investigación, casi todos estos partidos y políticos apoyan el neoliberalismo, es decir, la mercantilización y la privatización, mientras que sus pares europeos apoyan políticas chauvinistas del bienestar, es decir, un Estado de Bienestar fuerte que se limita a los miembros de “la propia nación”.
“Lo que une a la extrema derecha en Europa y América Latina es una especie de «monismo» que ve a la sociedad en última instancia como homogénea y considera a los Otros como ilegítimos. El monismo es lo opuesto al pluralismo, que es la esencia de la democracia liberal”, agrega Mude.
“Así, aunque la extrema derecha latinoamericana no es idéntica a sus pares europeos, especialmente en términos de un nativismo más periférico, comparten un núcleo ideológico monista y una política reaccionaria. Esto explica por qué también se consideran aliados políticos entre sí, como podemos ver en las numerosas conexiones internacionales de extrema derecha entre, por ejemplo, Bolsonaro y Trump o Milei y Meloni. Por lo tanto, podemos esperar que constituyan una amenaza muy similar a la democracia liberal, en términos de debilitamiento de sus instituciones (por ejemplo, el periodismo y los medios independientes) y sus valores (por ejemplo, el pluralismo y la tolerancia). Que la postura acomodaticia no funciona es una lección tanto para la derecha como para la izquierda democráticas”, advierte la nota de Le Monde Diplomatique.
Mude considera que para la izquierda democrática es crucial establecer su propia agenda política, basándose en el amplio apoyo popular a su programa central, y no caer en el mito de que la extrema derecha representa a la mayoría silenciosa.
“Es importante destacar que la ultraderecha nunca ha llegado al poder por sí sola: siempre ha dependido de la colaboración de sectores de la derecha dominante. Así ocurrió con Adolf Hitler a principios del siglo XX y con Bolsonaro y Trump a principios del siglo XXI. Al igual que en Europa, en ambos períodos históricos la derecha dominante latinoamericana entró en una coalición oportunista con la extrema derecha”, agrega.
La mentira de la lucha contra el narcotráfico
Estados Unidos utiliza la excusa de la guerra contra el narcotráfico para atacar lanchas y asesinar personas (sin juicio, fuera de todo marco legal) en el Mar Caribe, y para amenazar con invadir Venezuela, pero sus mentiras quedan al descubierto, un hecho que no parece importarle al imperio, porque la impunidad es una forma de poder.
Trump, que asegura combatir los carteles de drogas en América Latina, liberó de la cárcel a alguien condenado por liderar un “narcoestado” en la región. Fue una de las medidas que tomó en el marco de la alevosa injerencia imperial contra la soberanía y la autodeterminación del pueblo de Honduras.
Juan Orlando Hernández, el expresidente de Honduras que cumplía una pena de 45 años de prisión en Estados Unidos, por narcotráfico, recibió un perdón oficial de Trump el lunes por la noche y quedó en libertad, según informó BBC News.
La Oficina Federal de Prisiones de Estados Unidos señala en su sitio web que Hernández dejó el mismo lunes la cárcel de Hazelton en West Virginia, donde cumplía su sentencia emitida el año pasado.
Trump había anticipado su decisión el viernes, mientras su controvertida ofensiva militar contra presuntos traficantes de drogas en América Latina suma al menos 90 muertos en ataques a barcos en aguas del Caribe y el Pacífico.
Publicado en el semanario El Eslabón del 6/12/25
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