La remontada épica de Rosario Central ante Mineiro en la final de la Conmebol 95, hecha libro. Santiago Grandi, su autor, revela que parió la idea como “la carta de amor de un hincha” al club y a ese equipo.
Maestro de la crónica, al reconocido periodista y escritor polaco Ryszard Kapuściński le preguntaron si alguna vez se tentó con escribir ficción. Y tras mostrar su respeto por los “inventores de historias”, aseguró: “La realidad es tan grande y fabulosa que nunca me sentí limitado”. Si la remontada histórica de Rosario Central ante Atlético Mineiro en la final de la Copa Conmebol 1995 pasara al campo de la ficción, sería inverosímil. “Por eso Fontanarrosa decía que parecía un guión cinematográfico de una película mala, porque parece todo muy obvio: perdés 4 a 0 en la ida, lo remontás en la revancha faltando poco para el final y lo ganás por penales. Es demasiado perfecto para ser un guión”, dice Santiago Grandi, autor del flamante libro Cuando ganamos la Conmebol. Crónicas de una epopeya canaya (Homo Sapiens Ediciones).
Para titular su famoso cuento sobre la semifinal Central-Newell’s, con el Viejo Casale como protagonista, el Negro eligió la fecha exacta de aquella tarde: 19 de diciembre de 1971. Aunque dueño de una inventiva inagotable, no imaginaba que ese mismo día, pero 24 años más tarde, su querido Rosario Central viviría otra jornada «historia jalonada de coraje, de hazañas sin par, la gloria eternal», como reza su marcha. También la hizo cuento. No lo llamó por su fecha, sino: Plegarias a la virgen.
En la víspera de la publicación de este número de El Eslabón, el pueblo canaya celebró los 30 años de aquella conquista internacional. Aunque periodista y escritor de varios libros, Grandi confiesa que este proyecto nació como “la carta de amor de un hincha” al club y al equipo. Entre sentimientos, historias personales y de la época, la obra contiene también 18 entrevistas exclusivas con los protagonistas, más el prólogo de Gonzalo Belloso y escritos de Omar Palma, Ángel Tulio Zof, Pablo Vitamina Sánchez, Aldo Pedro Poy, Reynaldo Sietecase, Héctor Cardozo, Colo Vázquez y Franco Luciani.
Felices fiestas
Entre las sidras y pan dulces de 2024, Santiago Grandi empezó a darle forma a esta idea. Surgió después de charlas con amigos en las que advirtieron que en 2025 se cumplirían tres décadas de la épica auriazul de la Conmebol. El proyecto consistía en “satisfacer un viejo deseo personal de ofrendarle mi carta de amor a Central, a ese equipo”. Autor de –entre otros libros– Generación Trascendencia, Aquí y ahora y (Tal Vez) Nos lavaron el cerebro. (Quizás) Tenemos la solución, confiesa que esta última producción “no tiene esa rigurosidad periodística de otros trabajos, de otros libros más históricos”. Y remarca: “Los 30 años es el argumento perfecto”.
Con esa idea cayó desde Cañada Rosquín (donde vive actualmente) en pleno enero a la sede canaya de calle Mitre. “Fui sin contacto previo y pedí hablar con alguien del club. Era muy principio de año, no había nadie”, se ríe al recordar. “La secretaria que me atendió hizo un par de llamados. No había nadie, pero me dijo que le deje mi número, que se comprometía a mandarme el contacto”. Lejos del típico mecanismo para sacarse alguien de encima con el «cualquier cosa te aviso», “a las dos horas me llamó y me pasó el número de Lisandro Rodríguez Araya, secretario de Cultura. Ahí me contacté con él, y arrancó la cosa”.
Cuenta que a ese primer encuentro no fue con las manos vacías, sino con una tapa e índice tentativo, “con una idea más armada”, suficiente como para entusiasmar a su interlocutor. Más tarde se sumó Hugo Tomatis, dirigente de aquella época. “Es un personaje central en esta historia, Me abrió todas las puertas”.
Más allá del sentimiento que lo llevó a escribir, adelanta que quienes se metan en las casi 200 páginas encontrarán datos menos conocidos. “Me pasa sí que con las primeras lecturas y devoluciones que me van llegando, mucha gente que ya lo leyó se enteró ahí de varias cosas que sucedieron en esa Conmebol”. Pero insiste: “A eso llegué de manera subyacente, porque obvio que cuando arranqué me puse a investigar de qué se trató todo eso. Pero parto de esta base: es la carta de amor de un hincha”. Como dice la canción: si no hay amor, que no haya nada.
De la goleada a la gloria
“Por supuesto que lo que más queda es la remontada, los festejos. Mucho se reduce a la épica. Pero esa copa tiene una historia, hay muchas sorpresas ahí”, avisa el autor, y lanza algunas pistas: “Cómo llega Central a jugar la Copa, el desafío que implicaba, porque el fútbol era diferente y esos campeonatos internacionales (salvo la Libertadores) eran a pérdida, no había ganancias, sin derechos de TV. También se muestra cuánto ha cambiado el fútbol en estos 30 años”.
Protagonista de aquella gesta y actual presidente de Central, Gonzalo Belloso dice al respecto –desde el prólogo– que todo “fue a pulmón”. De los jugadores y los dirigentes. El premio fue deportivo, no económico.

Otra de las voces del libro es la de Norberto Gastaldi, vicepresidente de entonces. “Todos me reconocieron que Central jugó esa Copa gracias a él. Cuando lo entrevisté, me dijo que era la primera vez que lo reconocían por esa conquista. (El entonces presidente Víctor) Vesco dejaba el fútbol en manos de Gastaldi, confiaba mucho en él”. Grandi sostiene que “no estamos acostumbrados a reconocer a los dirigentes. Los hacemos responsables cuando perdemos, y nos olvidamos cuando ganamos”.
La propuesta de participar en este certamen, dice, llegó desde AFA. “Grondona se lo ofrece a los dos equipos de Rosario. No sé por qué Newell’s decidió no jugarla. Central, vale decirlo, hizo los méritos para clasificar, gracias a un par de buenos torneos que hizo con (el DT Pedro) Marchetta”.
Cómo olvidarla
Sentados bajo la mesa de la cocina y con la oreja pegada a la radio, un Santiago Grandi de 9 años y su hermano de 11 siguieron las alternativas del partido. “Muy de esos tiempos. Lo pasaron por la tele, pero nosotros no teníamos cable”. Con cábalas que arrastraban del Mundial 94 jugado el año anterior en Estados Unidos, escucharon la remontada. “Los recuerdos como hincha a esa edad son hermosos. Los jugadores son tus superhéroes. Eran todos hijos del club”.
Ahora resalta que el libro le ayudó “a rememorar una época muy linda mía, de compartir eso con mi hermano”. Además, agrega que todo ese 1995 “fue maravilloso”. Y argumenta: “Fue el primer año que fui a la cancha, a ver el homenaje a Mario Kempes, en febrero. Le ganamos a Newell’s con gol de él. Y todo termina con la coronación de la Conmebol”.
Le pregunto cuánto tiene que ver la forma de ganar esta final (tras el 0-4 en Brasil) para ser tan recordada. “Si Central la hubiese ganado como lo venía haciendo en toda la serie, ganando de taco, por supuesto que nos acordaríamos, porque fue un hecho histórico y tiene su valor, pero obviamente no tendría ese sabor épico y epopéyico que tiene por cómo se ganó”. Y remata: “Lo ganó a lo Central”.
Si se pudieran elegir las formas de ganar, como en el cuento del Viejo Casale eligen la forma de morir, los hinchas de Central elegirían esa. La del 19 de diciembre de 1995.
Colusso: “De los más lindos de mi vida”
Cristian Colusso, el Chiri, admite que en diciembre de 1995 no estaba entre los jugadores más importantes de Central, sobre todo al lado de los históricos Omar Palma, Vitamina Sánchez, Eduardo Coudet, el Polillita Da Silva. Sin embargo, y pese al paso del tiempo, “me siguen parando por la calle y agradeciendo ese título internacional”, le cuenta a este medio.
Reconoce que cada 19 de diciembre “a uno se le mueven un montón de cosas”, pero sobre todo en fechas redondas, como el actual aniversario de la conquista: “Todo se agiganta, se festeja más, aparecen recuerdos por todos lados”.
En lo primero que pensó cuando lo convocaron para dar testimonio para el libro fue que lo iba a poder leer su hijo: “Más allá de que conoce la historia y ha visto videos, el hecho de que haya un libro en la familia y que lo puedan leer es maravilloso”. Además destaca que este material “aporta datos, anécdotas, testimonios que van más allá de los 90 minutos, los cuatro goles, los penales o la gente que había en la cancha”, y también la voz de los dirigentes.
Por último, Colusso confiesa que “extraña muchísimo” al Negro Palma: “Fue como mi papá, mi papá futbolístico. Me enseñó todo y fue un gran guía para nosotros los más jóvenes”. Y cierra sobre aquella gesta, sin rodeos: “Es sin lugar a dudas el día más lindo de mi carrera futbolística y uno de los más lindos de mi vida”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 20/12/25
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