Nora Schujman, docente de enseñanza primaria y profesora en Letras ya jubilada, lanzó Maravillosos Haikus, un cuidado libro objeto que reversiona cuentos clásicos. Las ilustraciones son de Gilda Parola.
Lo primero que le ocurre a quien se topa con los Maravillosos Haikus (Editorial Listocalisto) de Nora Schujman, con bellísimas ilustraciones de Gilda Parola, es sentir unas ganas bárbaras de abrir esa suerte de estuche artesanal de cartón, desatar el moño y sumergirse en las postales que transportan indefectiblemente a la infancia, a aquellos cuentos tradicionales que contaban las madres o las abuelas. Los haikus son poemas cortos de origen japonés que deben respetar cierta métrica, en un formato que mezcla lo lúdico con la literatura, Schujman invita a recorrer, desde otra mirada, clásicos como Caperucita Roja, La sirenita, El patito feo y tantos más. “El origen del libro tiene que ver con los cuentos clásicos, más que con los haikus en particular. Después, como yo además venía leyendo haikus, junté las dos cosas”, dice la autora en diálogo con El Eslabón.
De boca en boca
“Cuando tenía cinco años me regalaron una colección de esos cuentos clásicos que vienen de Europa y fue, creo o me lo invento, que aprendí a leer con esos cuentos. Con mi abuela al lado, por supuesto, pero me los regaló mi papá y son un recuerdo muy grande y aún los conservo”, dice Nora, para marcar un punto de partida en su camino de lectora, y abunda: “Esos cuentos me acompañaron siempre, cuando fui maestra, cuando estuve en clase en el profesorado, ahora ya estoy jubilada pero siempre trabajo esos cuentos que tienen una particularidad que es que han sido muy reversionados porque, en verdad, el origen de esos cuentos, al igual que el de los haikus también, es de transmisión oral que después escritores, poetas o recopiladores quisieron retomar esa tradición que se transmitía de boca en boca y las fueron transformando”.
“Esos cuentos clásicos –sigue– que yo tomé para escribirlos en formato de haiku, esa forma breve que tiene la particularidad del instantáneo y que para los japoneses tiene que ver con la naturaleza, también tienen en común que han sido muy reversionados a lo largo de la historia, y sobre todo en estos últimos 20 o 30 años, se han retomado muchísimo sobre todo porque en los cuentos clásicos las mujeres tienen un lugar que de algún modo incomodan para el pensamiento actual. Entonces, en esas reversiones hay como otras miradas en relación a la mujer, a las clases sociales, a esos lugares que en esos cuentos son bastante prefijados. Han sido modificados y parodiados en muchas ocasiones. Ese trabajo de reversión, de parodia de los cuentos clásicos, es el que fui trabajando a lo largo de estos años en la docencia. Cuando empiezo a leer haikus y empiezo a escribir haikus, pero no con los cuentos clásicos sino con otras temáticas, se me cruzan esas dos tradiciones y decido juntarlas. Y termino escribiendo estos 12 cuentos después de un proceso largo, porque sentí que tenía que decir otra cosa de esos cuentos, mirarlos desde otro lugar”.

“Tengo un pensamiento muy lúdico en relación a la escritura y la verdad es que trato de divertirme cuando escribo, en el sentido más político de lo que significa el juego, lo lúdico”, señala Schujman, y tras admitir que “me divertí mucho haciéndolo”, destaca que el acompañamiento de la poeta, escritora y tallerista Rocío Muñoz Vergara fue fundamental en ese proceso. “Rocío me ayudó mucho a conservar el formato del haiku, porque yo por ahí me iba de la métrica, hacía unos líos bárbaros. Y también me ayudó muchísimo con cuestiones que fuimos debatiendo ideológicamente, por eso siempre digo que la lectura y la escritura no son actividades solitarias como aparentemente parecerían, sino que aun cuando uno está solo está discutiendo consigo mismo y con toda una tradición y con otras personas que escribieron”.
Abrir caminos
La pregunta que muchas y muchos se hacen es si los Maravillosos Haikus están destinados hacia las infancias. La autora complejiza esa pregunta y define: “Cuando escribí mi primer libro (Pequeños universos fantásticos, con ilustraciones de Angie Strappa) que salió el año pasado, mucha gente me decía que para los chicos era muy complicado. Ahora también, pero esto no es para chicos. En relación a lo que yo entiendo por literatura para niños, niñas, niñeces, estos cuentos clásicos por empezar que se leen tanto a las niñas y los niños, están bastante edulcorados. Esos relatos, en su formato oral, nacieron en medio del campesinado pobre europeo y tienen todo un origen social muy fuerte porque, de hecho, los campesinos en Europa eran muy pobres y era muy común que tuvieran muchos hijos y era muy común que muchos murieran, se perdieran o fueran abandonados en los bosques porque no podían alimentar a todos. No estaban destinados ni a niñas ni a niños, sino que se contaban entre adultos y niñas y niños, porque en verdad en esa época no existía el concepto de infancia, entonces las niñas y los niños compartían todo con los adultos, las adultas, los juegos, las vestimentas y las historias”.
Ese concepto, dice Nora, “nace recién en el siglo XVIII y aparece esta literatura pedagogizada”, y detalla: “La pedagogización de la literatura, que acompañó también el nacimiento de la escuela, la alfabetización y que todavía hoy se mantiene o persiste, el concepto se fue problematizando, complejizando y por eso también se complejizó y problematizó la literatura. Por eso también tuvimos acá una María Elena Walsh que puso patas para arriba toda la literatura que tenía que ver con lo moral, que tenía que ver con la literatura que era escrita para enseñar dentro de la escuela. Yo adhiero a la literatura que rompe con todos esos cánones, pienso que las niñas y los niños pueden leer literatura que puede parecer dificultosa para ellos, que parece no estar dirigida a ellos porque es muy difícil, porque es muy compleja. Adhiero al concepto de literatura en general, como dice María Teresa Andruetto, esto de una literatura sin adjetivos, sacarle el adjetivo infantil que suena a una literatura menor. Yo pienso en la literatura para niñas y niños con ese grado de complejidad. Que en todo caso es posible que a lo mejor no entiendan todo lo que nosotros pensamos que tienen que entender, pero ese es el desafío también, que les abra preguntas. Es como abrir caminos”.
Publicado en el semanario El Eslabón del 27/12/25
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