Se terminó 2025. Quizás haya que empujarlo un poco para que se vaya, porque a medida que pasaron los meses, el año se volvió cada vez más pesado. El termómetro siempre en la calle, las necesidades, la búsqueda infructuosa. La grieta se consolida a nivel mundial. En cada geografía, en cualquier lugar del planeta se construyen guetos y crece la cantidad de pobres. Es un hecho comprobable por números, por estadísticas, y es un problema si lo analizamos desde perspectivas cualitativas, en las que podemos ver las situaciones de vulnerabilidad de todas las clases sociales. En un extremo, las necesidades generadas por el sistema a las clases populares, las de la supervivencia biológica, alimentación, vivienda, salud, educación. En el otro extremo, el de la riqueza absoluta, la miseria humana de no poder percibir la pertenencia a una especie y la solidaridad por sus semejantes. Estamos ante una realidad muy dura que se expresa en cada escenario que se nos presenta en lo cotidiano. En el medio, están los que se creen que pueden, y sufren un poco de las dos miserias, la material y la humana. 

Pero hay un mundo invisibilizado, que no aparece en ninguna pantalla. Vemos todos los días algún rebelde, alguien que no aceptó la regla o tomó la pastilla roja de Matrix y que, en un gesto, con una actitud o una palabra afectuosa, hace caer el decorado. Hay pasiones que no se dejan encorsetar, que no aceptan ser encasilladas y emergen en la tribuna, en la marcha, en el pogo, en volver a cantar que son todos narcos con renovado ímpetu. Pasa algo, pasan cosas, muchas cosas que se empiezan a ver cuando nos sacamos todos los prejuicios. Los jóvenes no están en cualquiera, sólo que no se comunican y por eso no sabemos lo que les pasa. Se presentaron muchos libros este año. Se abrieron centros culturales, se hicieron infinidad de talleres. ¿Estrategias de supervivencia? No, estrategias de vivencias, de volver a sentir juntos. Ante las crisis económicas y sociales, la cultura siempre sostiene lo que queda de comunidad. Se compusieron canciones, se expresa lo que pasa.

Crisis de la estructura

Las organizaciones políticas, sindicales y sociales estuvieron calladas. Y cuando hablaron no gritaron lo suficientemente fuerte. La docilidad que mostraron mientras se echaba a sus afiliados o mientras se votaban leyes que perjudicaban a todos, participando del debate parlamentario sin juntarse con sus bases para definir las estrategias, las tácticas, y las acciones a llevar adelante, son un claro ejemplo de ellos. Las expectativas bajan aún más cuando pensamos en quiénes serán los candidatos para las próximas elecciones, porque seguramente terminemos militando la derrota anunciada de algún dinosaurio propio. El grado de fragmentación de las luchas es muy grande. 

Los dirigentes de la oposición les hablan a los medios del poder, no a las bases propias. Salen a responderle a los funcionarios del gobierno y a todo su aparato de propaganda dejando que la agenda la establezcan los grupos económicos. Esta pasividad de los sectores opositores, que por historia y por definición tienen la responsabilidad de aglutinar a los disconformes, tiene su inicio en el comienzo del mandato del oficialismo y fue generando un terreno fértil para el ataque al sistema jurídico que ampara nuestros derechos. 

Pasamos de la militancia política activa a ser espectadores de un escenario mediático montado para generar desesperanza e inacción. El algoritmo apunta a que vivamos en carne viva, salando las heridas. Las estructuras sobre las que se construyeron los partidos y las organizaciones sindicales no responden a las necesidades de los representados. La neoliberalización de esos espacios los convirtió en grandes bolsas de trabajo, con poca capacidad de fuego hacia el poder real y mucha capacidad de reprimir hacia adentro los disensos que, en algún punto, son la base para una democracia participativa.

La salida movimientista

Esta encrucijada en la que estamos es producto de varias situaciones. En primer lugar, no aprovechamos los momentos en que manejamos los hilos del Estado para avanzar en reformas estructurales del modelo educativo, del fortalecimiento de las Pymes, de un sistema fiscal que no sea regresivo y pueda cobrarle a los que tienen. En segundo lugar, los cargos que se ocuparon estratégicamente en determinados momentos quedaron en manos de las personas y no del movimiento, como si fuesen una propiedad adquirida por derecho divino. En tercer lugar, las discusiones en las bases nunca llegan a la cima, del mismo modo que las discusiones determinantes en la cima nunca pueden ser cuestionadas. También podemos mencionar que los cambios generados por las tecnologías digitales generan una sensación de participación más activa que muchas de las actividades presenciales, y sin sentirse expuestos. No se encuentran criterios claros en el funcionamiento de los partidos políticos que permitan la toma de decisiones por parte de las bases. 

En este contexto de deslegitimación de estos espacios, que sólo funcionaron para el campo popular cuando estuvieron presionados por movimientos, tenemos que construir alrededor de ellos ¿Construir qué? Movimiento, espacios pluralistas que acepten a todos quienes quieran participar. Y construir comunidad desde allí. Nuestro país tiene una hermosa historia de movimientos que reivindicaron derechos y posibilidades, que afirmaron su propia existencia, que provocaron transformaciones de fondo, que hicieron carnavales, que escriben con amor, que luchan con alegría, que permiten a sus participantes realizarse en comunidad y construyen una subjetividad colectiva que tanta falta nos hace en estos tiempos. 

Voluntad y aprendizaje

La reivindicación de todas esas cosas que amamos en otros tiempos, volver a tener vocación de hacer lo que nos gusta. Equivocarnos en nuestra lógica no debería ser un error, sino una posibilidad y un aprendizaje. El error en manos del enemigo es estigmatizante, en las nuestras tiene que ser comprensión. Desvalorizar el dinero como causa final, si apenas es un medio. La alegría viene de la mano de sentir que podemos cambiar esto. Y para cambiar esto lo primero es cambiar la percepción. Esto no implica ingenuidad o desentendimiento, sino que nuestra concepción de realidad sea mirándonos a los ojos y no con la cabeza inclinada, sumisa, mirando el celular. Recuperar el sacar pecho, el estar orgullosos porque hacemos lo que tenemos que hacer para ganarle a la derecha, y que la interna sea recién después que les hayamos ganado. 

El odio no se combate con amor, se combate con astucia, con imaginación, con ingenio popular. Al poder se lo pelea día a día, no aceptando sus condiciones sino cambiando el sentido a sus leyes, esquivando sus dispositivos de control, transgrediendo lo más sagrado de sus finanzas, no compitiendo, no desconfiando de los que están como yo. Mis deseos son pocos y tienen que ver con nosotros: sólo quiero que estemos lo suficientemente bien para meterle una patada en el culo al gobierno y mojarle la oreja al poder una vez más, como tantas veces lo hicimos. Salud para todos y todas.

Publicado en el semanario El Eslabón del 3/1/26

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