Atenti al lupo
Yo no sé, no. Cuando los fines de semana íbamos a lo de la abuela, desde la vereda ya se sentía ese aroma dulzón de la salsa, y si era con ñoquis más aún. Y cuando nos arrimábamos a la olla con un pan, pedíamos por favor que nos h
Yo no sé, no. Cuando los fines de semana íbamos a lo de la abuela, desde la vereda ya se sentía ese aroma dulzón de la salsa, y si era con ñoquis más aún. Y cuando nos arrimábamos a la olla con un pan, pedíamos por favor que nos h
Yo, yo no sé, no. A Pedro, en los primeros mandados que hacía, la vieja le decía: “¡y volvé rápido!” Porque sabía que se quedaría o jugando a las figus o en un partido al golentra o a los penales o a lo que pintara con la redonda.
Yo no sé, no. Cuando de pibe le daba trabajo a mi vieja hacerme dormir la siesta, decía: o dormís o hacé la tarea. Y uno elegía la tarea. Con apenas 4 años, mi viejo se tomó el trabajo de enseñarme del 0 al 9 bien temprano, hasta
Yo no sé, no. Con Pedro nos acostumbramos a que en otoño, más que en primavera o que en el mismo verano, irnos cada vez que podíamos hacia la Vía Honda, a recorrer ese caminito del terraplén, no tenía precio. El sendero era como u
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos de cuando, sin dejar de chirolear, tuvimos en nuestras manos nuestro primer billete. Era uno de 10 pesos, con la cara del general San Martín, y lo tuvimos por un rato porque era para ir hast
Yo no sé, no. Pedro recuerda que cuando éramos pibitos y vivíamos en la calle Zeballos casi Callao, estábamos siempre atentos al movimiento de los vecinos, sobre todo de los que iban a la verdulería de los padres de Gracielita, qu
Yo no sé, no. El día que salimos solos, recuerda Pedro, nos fuimos al Parque Independencia y, si bien vivíamos cerca, salimos con mil recomendaciones de nuestros viejos ya que apenas teníamos 6 años. Recuerdo que era un domingo y
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos cuando vivíamos en la casa de Zeballos casi Callao y teníamos una vecinita, Graciela, cuyos padres tenían una verdulería. Pedro preguntaba siempre por ella y un día la abuela le dijo: ¿Vos c
Yo no sé, no. Cuando éramos pequeños nos divertíamos ocultándonos. La primera vez, recuerda Pedro, fue en en campo en una estancia de Villa Eloisa, donde los viejos estaban trabajando.
Yo no sé, no. Cuando íbamos a tercero, en nuestro curso apareció un compañero nuevo. Era de a unas cuadras de la escuela y recuerdo que muchas veces llegaba tarde a clases por estar “trabajando”, ya que cuidaba unas vacas de un ta