Cinco pa’l peso
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos de cuando nos faltaban 5 para comprar la pelo de cuero, la número 5. A los meses, nos faltaban 5 para completar el pago de las camisetas, y Pedro se reservó la 5. Al año nos faltaban siempre 5
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos de cuando nos faltaban 5 para comprar la pelo de cuero, la número 5. A los meses, nos faltaban 5 para completar el pago de las camisetas, y Pedro se reservó la 5. Al año nos faltaban siempre 5
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos que cuando faltaba una semana para arrancar primer grado, no nos podían arrancar de la calle. Horas y horas agachados por la boli o por la figu; o agazapados, atentos a la de goma en los inter
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos que una vez después de salir de la escuela nos quedamos a jugar un partidito a las cabezas, en el parejito y ancho césped pegadito a la vereda de una de las calles principales del Barrio Acind
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos que para ir a la escuela teníamos que cruzar las vías.
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos que camino a la escuela, antes de entrar, nos mandábamos al club Acindar, que tenía su cancha con medidas como las profesionales, como las de primera. Nosotros encarábamos uno de los arcos
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos que ya en tercer grado, a mitad de año, teníamos la mitad de los útiles, la mitad de las pinturitas, la mitad del Faber número 2, la mitad de la goma, la mitad del cuaderno tapa dura de 100
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos cuando de pibes nos íbamos al norte de la ciudad, a la cancha de Central, o a La Florida, o a los picnic en el Centro Unión de Almaceneros.
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos que cuando eramos pibes, antes de mudarnos al sur de la ciudad, nuestras siestas con fulbito eran por las veredas de Zeballos desde Lagos a Rodríguez.
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos cuando la seño de tercer grado nos dio como tarea hacer un diario escolar. Bah, un diario de un solo número. La idea era ser periodista por un día y poner casi todo en 4 páginas.
Yo no sé, no. Con Pedro recordamos aquellas mañanas de mayo del 69. Descubrimos que en un galpón cerca de bulevar Avellaneda el dueño iba a tirar unos tirantes de madera, que eran como una docena.