De sapos y ranas
Yo no sé, no. Pedro me contaba que cuando a Manuel se le ocurría ir a cazar ranas a las lagunitas pegaditas a la Vía Honda, argumentaba que de noche y después de la lluvia seguro que se levantaba una niebla, y seguro que aparecían
Yo no sé, no. Pedro me contaba que cuando a Manuel se le ocurría ir a cazar ranas a las lagunitas pegaditas a la Vía Honda, argumentaba que de noche y después de la lluvia seguro que se levantaba una niebla, y seguro que aparecían
Yo no sé no, Pedro se acordaba de que no veía la hora que terminara el año para pasar de grado y ya en segundo empezar a escribir con tinta. Si bien le gustaba el lápiz, estaba cansado de darle a la goma, era un meta borrar y borr
Yo no sé, no. Pedro se acordaba de cuando a la placita la compartíamos entre todos, o más bien la repartíamos. Porque con los del fondo, más allá de que eran casi del mismo barrio, porque vivían apenas a 4 cuadras, había ciertos r
Yo no sé, no. Pedro el otro día se acordaba, no de la primera canchita, sino del primer arco, en el patio de la casa que tenía en Zeballos, cerca de Callao. Había un arquito del que se acordaba de un palo, que era un macetón de un
Yo no sé, no. Pedro el otro día se acordaba que viniendo de no sé dónde pasaba por Pasaje Independencia y Caferatta, y que siempre pensaba cómo puede ser que sólo a un pasaje le fueron a poner Independencia, en vez de a una calle
Yo no sé, no. Pedro el otro día se acordaba de un terrenito donde apareció un depósito de chatarras. Eran como dos terrenos comunes antes del depósito, en tiempos en los que la industria siderúrgica funcionaba. Nosotros nos tentam
Yo no sé, no. Pedro el otro día se acordaba cuando entusiasmados íbamos a jugar un partido, que era todo un clásico en el mismo barrio. Y de cuando llegamos, para nuestro asombro –aunque ya había unos rumores que se corrían– la ca
Pedro, el otro día, a raíz de estos fríos, se acordaba de un partido que tenían que jugar una mañana detrás de Vía Honda, en el segundo puente, detrás de los cañaverales. Nosotros conocíamos el terreno, era una canchita nueva que
Yo no sé, no. Pedro, ahora que se acerca el Mundial y no se va a hablar de otra cosa, se acordaba el otro día de aquellos primeros partidos en la canchita del barrio, esos momentos mágicos y esos jugadores que la dibujaban. Y desp
Yo no sé, no. Pedro se acuerda de lo que para él fue la semana de mayo. La pasé cortando clavos, dice. Iba a tercer grado y la maestra nos dividía en grupos de a tres para hacernos competir y hacer el Cabildo. Y a mi me tocaron do