Manotazos de ahogado
Como el dólar, el pueblo argentino también flota entre bandas. Ladrones que apenas se diferencian por matices: el FMI usa tailleur, el Tesoro yanqui saco y corbata, y los lobos de Wall Street revólveres.
Como el dólar, el pueblo argentino también flota entre bandas. Ladrones que apenas se diferencian por matices: el FMI usa tailleur, el Tesoro yanqui saco y corbata, y los lobos de Wall Street revólveres.
El macrismo desapareció la línea que separa a la selva del Estado de derecho. Tal vez la pesada herencia que deje no sea el colapso de la economía sino un país en el cual el desamparo absoluto sea la norma y no la excepción.
Algo ya estaba en juego aún antes del arribo de Rosenkrantz a la presidencia de la Corte: el elenco para reemplazar a Macri de ser necesario. Las causas hay que buscarlas en la entrega del bastón de mando del Presidente al FMI.
El nivel de violencia social que ya generan la brutal devaluación y sucesivos ajustes del vasallaje ante el FMI es alarmante. El macrismo fogonea la confrontación de pobres contra indigentes, un escenario criminal e irrespirable.
El guión oficial es tan pretencioso como desopilante: “La corrupción” nació en 2003 y murió en 2015; sólo tuvo jurisdicción nacional –jamás una coima en la Caba–, y el “populismo” es su caldo de cultivo.
La semana que culmina arrojó venganza, revancha de clase, operaciones de inteligencia que ponen en riesgo a todo el sistema político. Por sobre todo eso se percibe, oronda, la sombra del águila calva americana.
Las operaciones mediático-judiciales ya no llegan a camuflar del todo el plan de saqueo que comanda la banda liderada por Macri. Las consecuencias son el hambre, la pérdida de vidas y un irrespirable clima de violencia social.
Cambiemos está más ocupado en congraciarse con el Pentágono que en reprimir la protesta social con las FFAA, para lo cual le bastan Gendarmería, Prefectura y las policías provinciales y Federal.
El correlato local del escándalo en Buenos Aires muestra que el macrismo no puede hacer algo sin truchar: todo en efectivo, cambios de nombres y un empresario que niega haber donado lo que figura oficialmente.
Mientras en el mundo se desarrolla una guerra comercial sin precedentes en más de medio siglo, el gobierno de Macri ignora ese escenario y desquicia la economía sólo para cerrar su ciclo de negocios, que pagarán tres generaciones.