Motoqueros (capítulo 28)
Vuelve a la casa después de haber estado con El Mencho. La cuestión está más clara que el aire: le propone integrarse a su banda como dealer. Eso le hace dudar, porque no tiene interés en moverse por izquierda.
Vuelve a la casa después de haber estado con El Mencho. La cuestión está más clara que el aire: le propone integrarse a su banda como dealer. Eso le hace dudar, porque no tiene interés en moverse por izquierda.
Va cruzando el parque, bajo árboles añosos. A su alrededor, parte de la barra canta ahora: El vino y la droga me vuelan la mente / yo vengo a alentarte con toda esta gente / Ganes o pierdas no me interesa / te sigo re loco siempre
La tribuna que lleva el nombre Diego Armando Maradona parece a punto de estallar. El partido que se desarrolla en el campo de juego transcurre sin pena ni gloria pero a su alrededor una banda de hinchas canta y salta apasionadamen
Sorprendido, se da vuelta. El que ahora le habla es el Mencho, que viene caminando en su dirección. ¿Qué hacés loco, qué te pasa?…, lo interroga el otro, amistoso. ¡Uh, nada!…, le responde. Se ha detenido frente a él, y lo mira co
Desde que Cintia lo despidió, como un perro, deambula por el barrio. En su casa está poco, porque no quiere encontrarse con su mujer. Ella también lo rajó, pero él no le da bolilla: ¿a dónde se metería ahora, sólo, sin un mango, s
Así es como esa noche marcha hacia la pollería con el propósito de reparar el problema suscitado el sábado. Pasó el domingo, pasó el lunes, y confía que ese lapso permita que las cosas para Cintia se hayan calmado un poco, sino de
Al otro día, anda caminando por el boulevard. Se quedó toda la noche dando vueltas por la calle, tratando de entender lo que le había pasado con Cintia, sin poder comprenderlo. Nunca le había pasado una cosa así, que el de abajo s
Y ahora están en la casa de Cintia, a donde llegaron hace un rato. Están en el dormitorio, desnudos, tirados sobre la cama, mientras él va besando y mordiendo la superficie de su cuerpo tenso. Cada vez que sus labios llegan a uno
La bailanta queda en la zona oeste, en la esquina formada por una avenida que va en diagonal hacia el sur santafesino con una calle que corre en sentido perpendicular.
Felizmente, ha llegado el fin de semana. Ya es sábado, y el domingo no trabajan porque es el día de franco en la pollería. Son más de las once de la noche. Por ser el último día, y en pleno finde, laburó como nunca: debe haber lle