Eran cerca de las dos de la tarde. En nuestro departamento, siempre tan lleno de recuerdos compartidos, de risas y charlas, el silencio pesaba. Llevaba más de media hora sentado en la penumbra frente al baúl de madera. Para mayor seguridad había cerrado las persianas y corrido las cortinas. Estaba solo, en casa, tranquilo de saber que Laura no iba …