El señor P –llamémoslo así, puesto que la inicial puede pertenecer tanto a un nombre como Pedro, o a un apellido como Pérez, por no mencionar otros nombres como Pablo, Pascual o Patricio, o apellidos como Peña, Pacheco o Palacios, lo cual permite imaginar la amplitud potencial de su alcance– vivía en un país latinoamericano. Ese país quedaba cerca de …