Ni alpargatas ni libros
Yo no sé, no. Paseando por la plaza Galicia, Pedro recordó una anécdota de hace tiempo atrás. Un día, a la tardecita, se entusiasmó con un picadito y después de preguntar “para quién pateo”, reforzó uno de los arcos con un libro que él traía. Al broli lo miraba de reojo, por si las pulgas, no. En eso, vio una …








