“Hola loco”
Mi hermana Flor me comentó que Juane, junto a algunos compañeros de la facu, iba a empezar a publicar un periódico, mensual. Yo ya laburaba en radio y celebré que ese loco bonachón se lanzara a semejante aventura.
Mi hermana Flor me comentó que Juane, junto a algunos compañeros de la facu, iba a empezar a publicar un periódico, mensual. Yo ya laburaba en radio y celebré que ese loco bonachón se lanzara a semejante aventura.
Volvamos el tiempo atrás, giremos en reversa la manivela de la historia, sólo unas pocas vueltas. Jueves 2 de septiembre de 1999, las tapas de los diarios por esos días hablaban de un sólo tema: el accidente de Lapa.
Veinticinco años de un medio independiente es un milagro que debemos festejar. En un país donde la libertad de expresión está claramente esmerilada el desafío de contarte lo que pasa sin filtro habla de la pasión y la esperanza.
Cambió el siglo, cambió la tecnología, apareció lo digital para llevarse puesto el monopolio del papel, pero también para expandir fronteras de la información hasta límites nunca imaginados. Cambió la ciudad, el país y el mundo.
Cumplir 25 años en estos tiempos convierte a un proyecto periodístico como El Eslabón casi en ese barrio al que el Gordo Troilo decía estar siempre llegando. Un lugar que siempre me habilitó a decir hasta donde me animara.
El Eslabón está de festejo y esa es la buena noticia. Celebrar en momentos oscuros es un acto de rebeldía, incluso de resistencia. Y más aún cuando se festeja el aniversario de un medio que no se arrodilla ante las corporaciones.
Tengo en la casa de mis viejos una carpeta donde guardaba cosas que me interesaban porque conjugaban algo que buscaba: el periodismo, la palabra escrita y la militancia. En esa carpeta tengo un ejemplar El Eslabón.
Vamos dejando de contar años para empezar a registrar décadas. Desde aquellos pibes que, con impulso vigoroso, se lanzaron a construir un medio con todas las letras, hasta estos hombres y mujeres que continúan una tarea impecable.
Alguna vez, un compañero al cual respeto mucho, un profesional del periodismo con una carrera y capacidad admirable, me dijo: “En tiempos de mentira universal, en el periodismo, tratar de decir la verdad, es revolucionario”.
A un cuarto de siglo del nacimiento de este medio, van algunos recuerdos de esos inicios, en los que se entrelazaron sueños, audacia, mucha locura y los primeros indicios de rigor periodístico.