En papel y largo
En El Eslabón a nadie se le ocurriría titular sobre “los días perdidos de clases a raíz de los paros”, menos resaltar como un logro que cientos de docentes “cobran el premio a la asistencia perfecta”, como Pullaro llama al vulgar
En El Eslabón a nadie se le ocurriría titular sobre “los días perdidos de clases a raíz de los paros”, menos resaltar como un logro que cientos de docentes “cobran el premio a la asistencia perfecta”, como Pullaro llama al vulgar
Mi hermana Flor me comentó que Juane, junto a algunos compañeros de la facu, iba a empezar a publicar un periódico, mensual. Yo ya laburaba en radio y celebré que ese loco bonachón se lanzara a semejante aventura.
Volvamos el tiempo atrás, giremos en reversa la manivela de la historia, sólo unas pocas vueltas. Jueves 2 de septiembre de 1999, las tapas de los diarios por esos días hablaban de un sólo tema: el accidente de Lapa.
Tenía 19, un montón de preguntas y la pretensión de entender. Para empezar por algo, decidí presenciar las elecciones de 1999, trabajar en una mesa electoral y ver de cerca el modo en que se contaban los votos una vez cerradas las
Veinticinco años de un medio independiente es un milagro que debemos festejar. En un país donde la libertad de expresión está claramente esmerilada el desafío de contarte lo que pasa sin filtro habla de la pasión y la esperanza.
Cambió el siglo, cambió la tecnología, apareció lo digital para llevarse puesto el monopolio del papel, pero también para expandir fronteras de la información hasta límites nunca imaginados. Cambió la ciudad, el país y el mundo.
Yo no sé, no. Es difícil, o por lo menos me cuesta no hablar de algo personal en estos 25 años de El Eslabón, así que sepan disculpar. Sepan disculpar si les cuento que uno (yo) cursando la primaria alguna vez escribió algo piola.
Cumplir 25 años en estos tiempos convierte a un proyecto periodístico como El Eslabón casi en ese barrio al que el Gordo Troilo decía estar siempre llegando. Un lugar que siempre me habilitó a decir hasta donde me animara.
Veinticinco años. Qué canosa tengo la barba, la puta madre. ¿Y usted que está leyendo esto, qué tal? Le propongo un ejercicio. ¡No, no! No se preocupe, nada de correr, ni de abdominales, un ejercicio tranqui: imagínese usted por u
El Eslabón está de festejo y esa es la buena noticia. Celebrar en momentos oscuros es un acto de rebeldía, incluso de resistencia. Y más aún cuando se festeja el aniversario de un medio que no se arrodilla ante las corporaciones.