El fin de la convivencia social
El resquicio que aún sobrevivía de la democracia liberal instaurada en 1983 fue sepultado por un trío de miserables cortesanos del poder real. Una jugada que despertó del letargo a un peronismo adormilado.
El resquicio que aún sobrevivía de la democracia liberal instaurada en 1983 fue sepultado por un trío de miserables cortesanos del poder real. Una jugada que despertó del letargo a un peronismo adormilado.
Cristina le avisó al poder real, que sintetizó en la figura del CEO de Clarín, Héctor Magnetto, que no será su mascota. También anunció que no será candidata, y denunció la ciénaga del Poder Judicial.
Pasó con Carlos Menem y con Fernando de la Rúa. Sus sostenedores y cómplices luego los demonizaron, salvaguardando el plan perpetuo de saqueo. El peronismo, reciente vencedor, no debe hacer caso a ese canto de sirenas.
Una mayoría inescrupulosa votó un presupuesto que dejará sin comida, salud y educación a millones de personas. Gobierna un clan criminal y los medios ya no están en guerra, directamente hacen “periodismo de servicios”.
Macri lo hizo en 29 meses. El retorno de la Argentina al plano internacional como contracara del “aislamiento” en que habría incurrido el kirchnerismo es en modo desastre, aunque no lo reconoce.
La fusión de las empresas Telecom y Cablevisión llevó la concentración a extremos impensados. Mientras las corporaciones crecen y acumulan poder, la sociedad se perfila a una mayor exclusión del derecho a la comunicación.