Cornetas del regreso
Yo no sé, no. María vino con una propuesta que nos entusiasmó a todos: festejar el cumple de Manuel. Nadie sabía a ciencia cierta la fecha del cumpleaños, pero seguro que eran los primeros días de octubre.
Yo no sé, no. María vino con una propuesta que nos entusiasmó a todos: festejar el cumple de Manuel. Nadie sabía a ciencia cierta la fecha del cumpleaños, pero seguro que eran los primeros días de octubre.
Yo no sé, no. Recién había pasado la mitad de octubre y Manuel había vuelto a la vida. Venía de rescatar al Vicki –su perro– de la perrera. Llegó justo, se puso a llorar y consiguió que se lo den sin pagar la multa.
Yo no sé, no. Manuel y Beto discutían que en un lateral de la canchita de Cilindro, que recién estaba hecha, quedaban raíces de radicheta que siempre aparecían. Ese lateral no se usaba mucho, pero de la última radicheta de la quin
Yo no sé, no. Manuel estaba re contento por dos cosas: primero porque se hacía la juntada del picnic allá cerca del monte, a la altura de lo que era la Fábrica de Armas. Y también porque don Mauricio le había perdonado parte de la
Yo no sé, no. Manuel apenas vio el camión que a lo lejos parecía de mudanza, agarró las monedas y se fue corriendo a jugar al 72: la sorpresa. Se acordó de doña María que le decía: “Cada vez que hay una mudanza es una sorpresa.
Yo no sé, no. Graciela venía contenta porque había subido al 15 y el chófer le dijo: “Mirá, al lado de la foto de Gardel hay un pimpollo y con vos el 15 tiene una flor”. Mónica estaba contenta porque había visto que en la casa, un
Yo no sé, no. Agosto había pasado sin pena ni gloria. Los primeros días de septiembre eran como todos los septiembre: con algo de viento, con algo de sol y las tardes frescas.
Yo no sé, no. Una tarde estábamos jugando en ese terreno largo, largo, que estaba al lado de la casa del Pocho Luna. La pelota cruzó Iriondo y se metió en un terreno que amagaba ser baldío.
Yo no sé, no. Manuel vino contento porque ya sabía el abecedario por completo, y donde más se le trababa, que era entre la H y hasta la Ñ, que ahí se embatataba, le había dicho la maestra que “la verdad que es un milagro” que empe
Yo no sé, no. Manuel llegó corriendo, viniendo desde la escuela de Acindar, diciendo que a media mañana había visto el arcoiris dado vuelta, arqueado al revés. Al principio le pareció que había sido por el pelotazo que le habían p