Una luz de almacén
Yo no sé, no. Había un almacén cerca de casa en el que el dueño, cuando no encontraba algo o no se acordaba el precio, decía: “La Patrona debe saber”. Y otro, en la otra cuadra, que cuando se veía en apuros decía: “Esperá que veng
Yo no sé, no. Había un almacén cerca de casa en el que el dueño, cuando no encontraba algo o no se acordaba el precio, decía: “La Patrona debe saber”. Y otro, en la otra cuadra, que cuando se veía en apuros decía: “Esperá que veng
Yo no sé, no. Cuando chico al oír la palabra “síntomas”, pensábamos enfermedad en puerta, y uno era de mocos y fiebre fácil, inclusive en verano. Me vivían retando. “Eso es por andar descalzo”, me decía mi vieja, mi tía, mi herman
Yo no sé, no. Cuando era pibe, muy pibe, a esta altura del año, con los primeros mocos del frío, cuando iba a la escuela de mañana con pantalones cortos, por lo menos en primer grado, mi vieja me decía: no corras en el recreo, no
Yo no sé, no. De muy pibes, mientras vivíamos por Zeballos entre Callao y Rodriguez, cuando veíamos un hornero (nido), nos deslumbrábamos. Más allá de haberlo visto en alguna publicación, contemplarlo ahí, como vecino, era como ve
Yo no sé, no. Cerca del 25 de mayo, cuando éramos muy pibitos, si empezaba la búsqueda de la olla más grande era porque se venía el locro. A veces, un par de días antes íbamos a lo de la tía, para pedirle una. Cuando estábamos en
Yo no sé, no. Cuando los fines de semana íbamos a lo de la abuela, desde la vereda ya se sentía ese aroma dulzón de la salsa, y si era con ñoquis más aún. Y cuando nos arrimábamos a la olla con un pan, pedíamos por favor que nos h
Yo, yo no sé, no. A Pedro, en los primeros mandados que hacía, la vieja le decía: “¡y volvé rápido!” Porque sabía que se quedaría o jugando a las figus o en un partido al golentra o a los penales o a lo que pintara con la redonda.
Yo no sé, no. Cuando de pibe le daba trabajo a mi vieja hacerme dormir la siesta, decía: o dormís o hacé la tarea. Y uno elegía la tarea. Con apenas 4 años, mi viejo se tomó el trabajo de enseñarme del 0 al 9 bien temprano, hasta
Yo no sé, no. Con Pedro nos acordábamos de cuando, sin dejar de chirolear, tuvimos en nuestras manos nuestro primer billete. Era uno de 10 pesos, con la cara del general San Martín, y lo tuvimos por un rato porque era para ir hast
Yo no sé, no. Pedro recuerda que cuando éramos pibitos y vivíamos en la calle Zeballos casi Callao, estábamos siempre atentos al movimiento de los vecinos, sobre todo de los que iban a la verdulería de los padres de Gracielita, qu