Pájaros negros
Yo no sé, no. Por la temperatura de aquel octubre parecía que un veranito se adelantaba y nosotros, sabiendo que en el extremo norte de La Florida la temporada de sangría había comenzado, el jueves ya se nos veía por la Escauriza.
Yo no sé, no. Por la temperatura de aquel octubre parecía que un veranito se adelantaba y nosotros, sabiendo que en el extremo norte de La Florida la temporada de sangría había comenzado, el jueves ya se nos veía por la Escauriza.
Yo no sé, no. Cuando pasamos por la puerta de la Anastasio, Manuel nos dijo: “Escuchen esa voz que viene del patio de la escuela ¡es la Dire!”. Nosotros lo único que escuchamos fue la frenada del 53 que pasaba por la esquina.
Yo no sé, no. El cable, mejor dicho los cables de la luz que por Caferatta cruzaban Centeno, cuando soplaba un viento cruzado se juntaban para dar lugar a un chisperío.
Yo no sé, no. Manuel llegó ese mediodía hasta la canchita revoleando el pulóver, lo revoleaba por dos motivos: primero, porque ya había comenzado octubre y para eso del mediodía el calorcito se hacía sentir, y segundo porque esa m
Yo no sé, no. Manuel llegó hasta la cancha de Iriondo gritando: “Abrieron Centeno y la están alargando”. Esa mañana, un par de máquinas de la Municipalidad la iban a hacer llegar hasta Francia.
Yo no sé, no. Manuel estaba re feliz después que con Juancalito le empezaron a salir bien cuando con la redonda tiraban unas paredes como si fueran expertos.
Yo no sé, no. Apenas terminamos de jugar el primer tiempo en la cancha del balneario Los Ángeles, allá cerca del Puente Gallego, nos mandamos para el lado de la pileta, lo que quedaba de ella, de una gran pileta de lo que alguna v
Yo no sé, no. Es difícil, o por lo menos me cuesta no hablar de algo personal en estos 25 años de El Eslabón, así que sepan disculpar. Sepan disculpar si les cuento que uno (yo) cursando la primaria alguna vez escribió algo piola.
Yo no sé, no. “El gallito está mirando pa tras, para el sur”, dijo Manuel, mientras se ponía un desgastado buzo rompevientos que alguna vez fue azul, y entraba a la cancha del cilindro en la posición de 8.
Yo no sé, no. No llegamos a tiempo y vimos cómo se nos iba el 203, justo ése que lo conducía un chófer amigo que cuando íbamos para el lado de Puente Gallego no nos cobraba el boleto, o de tres pagábamos uno.