Santos lugares
Yo no sé, no. “No te escondas que vos no sos ningún santo”, le dijeron a Manuel, que estaba detrás de un paraíso. Esa mañana estábamos reclamando la pelo y pidiendo disculpas a una señora que vivía por Quintana.
Yo no sé, no. “No te escondas que vos no sos ningún santo”, le dijeron a Manuel, que estaba detrás de un paraíso. Esa mañana estábamos reclamando la pelo y pidiendo disculpas a una señora que vivía por Quintana.
Yo no sé, no. “Te están calando la carta”, le dijo Manuel a la Eva cuando jugábamos al truco en una esquina de la Plaza Galicia, ahí al lado de un pino que aparte de ser alto y sensible al viento, tenía una rama que parecía un br
Yo no sé, no. La cancha era nueva, llegaba justo para ser una de 11 y hacía poco era parte de la quinta y del tambo, después quedó como un terreno abandonado hasta que alguien tiró unas semillas de césped para cancha.
Yo no sé, no. “¡Fuerte rechazo!”, terminaba el relato a viva voz de Ricardo Villa, después de que Pincha, que era un 6 de aquellos, la mandó para el lado de los tomates. Para el lado de los tomates literal, porque la pelo fue a pa
Yo no sé, no. “¡Máquina! ¡Máquina, tirá el centro, máquina!”, le gritaba Raúl a un flaco medio desganado al caminar, tanto que a veces parecía no llegar hasta la cancha que se detendría.
Yo no sé, no. “¿Qué hora es, jefe?”, le preguntó Raúl al diariero, que metió la mano en la canasta de diarios, sacó un reloj, lo miró y contestó: “Faltan 15 para las 11”.
Yo no sé, no. Hablando de canasta de monedas, por aquel tiempo nosotros éramos pibes y más que canasta de monedas teníamos siempre a mano una canasta de chirolas y de billetes.
Yo no sé, no. Manuel sentía que se quedaba con las ganas de festejar en la noche del 24, la noche de San Juan. Una, porque en esos días no paró de llover, inclusive el 24, y otra porque venía perdiendo la discusión.
Yo no sé, no. Manuel había visto en la pastería de Biedma casi San Nicolás que por primera vez la oferta de la semana eran fideos verdes, y cuando pasó por la verdulería de doña Fortu preguntó cuánto estaban los atados de espinaca
Yo no sé, no. Manuel esa semana nos decía con cierta preocupación que por más que estábamos detrás de un mangueo a nuestros viejos por el medio aguinaldo, que en esos días estarían cobrando, seguíamos con una escasez monetaria com