Lombrices
Mi abuela nos había llevado a mis primos y a mí a la costanera. Siempre íbamos a la costanera, porque nos quedaba cerca y porque era barato. Gratuito. En aquel tiempo mis primos eran dos. Ahora son ninguno. Pero eran dos; Joel, el
Mi abuela nos había llevado a mis primos y a mí a la costanera. Siempre íbamos a la costanera, porque nos quedaba cerca y porque era barato. Gratuito. En aquel tiempo mis primos eran dos. Ahora son ninguno. Pero eran dos; Joel, el
I. No me mordías, acercabas un fruto para que oliera, mi cazador sin garras. Mientras te amé fui una avispa polinizadora, hilé la dulzura para que llegues con la lengua suave y escarbaste, murciélago de la fruta. Mientras te amé f
Adela no sabía que un marido hace eso a su mujer. Era la mayor de varios hermanos. Ella tenía quince años y el hombre la doblaba en edad y en corpulencia. Amigo de su padre, resolvieron el matrimonio el mismo día en que se asocia
En la punta de la mesa del gran comedor de la Casa de Santa Marta, un recipiente prismático y transparente alberga los celulares de ciento treinta y tres cardenales. El televisor gigante del living opulento permanece desenchufado.
Hoy aterrizás en esta ciudad de la que te fuiste hace muchos años. Lamentás no haber llegado a tiempo para ver por última vez a tu madre. Venís a realizar trámites y a vender la casa familiar. El taxi que te lleva tiene la radio e
La gota de transpiración se deslizó desde la frente hacia la ceja derecha y desde allí se escurrió por la mejilla hasta terminar su recorrido en el cuello de la camisa celeste.
Empieza septiembre. Volvés de la escuela, pedaleando lento como la brisa de la tarde perfumada por los nacientes jazmines japoneses. Es martes, la última clase fue la de matemáticas.
I busco romance no importa si no sabe coser, yo me las arreglo pido muchas cosas, porque pedir menos no puedo quiero un amor, conocer a alguien que no sienta miedo de saltar al vacío porque sabe que estando juntos la red se arma
Tuquito se rascó la frente y se tiró para atrás el flequillo medio pegoteado. Escupió una miga de bizcocho y le chistó. Chimi, su hermano menor, que estaba tirado bajo la sombra del árbol de al lado, lo ignoró y siguió con los ojo
“Todo principio no es más que una continuación, y el libro de los acontecimientos se encuentra siempre abierto a la mitad”. Wislawa Symborszka Se asomó a la baranda de la altísima escalera y tuvo miedo de caerse. No le daba vértig