Tos
“¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan como un fantasma?” (John Keats) Más de una vez, algunas cosas nos llevan a otro tiempo. Al pasado o a un futuro al que no queremos ni mirar
“¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan como un fantasma?” (John Keats) Más de una vez, algunas cosas nos llevan a otro tiempo. Al pasado o a un futuro al que no queremos ni mirar
El animal blancuzco se agitaba sobre la camilla. A los ojos de los presentes impresionaba aún más al compararlo con el cuerpo del que había salido. El gusano no era mucho más grande y, en ese estado de las cosas, no se sabía cuál
Termino de preparar el relleno para las empanadas. Lo vuelco en una bandeja para que se enfríe más rápido. Así como está, me romperá los discos de hojaldre. El vapor de la carne sazonada me trae aroma a comino, invasivo y sensual.
Doméstico, paralizado, casi dormido frente al televisor, mi abuelo Otto apaga el cigarrillo y cierra los ojos. Se inclina hacia un costado del sillón, hacia el lugar que ocupaba mi abuela. Ahora soy yo el que se encarga de termina
A los días viernes se los arropa distinto y más en ese barrio céntrico de Rosario aunque uno se levante con el sapucay amoladora de los albañiles que ya van por el décimo piso del edificio vecino que los popes del boom inmobiliari
Venía tan embalada que subió el bote a la arena y siguió remando. No sabían cómo sacarla del carrito y soltarle las manos de las palas. —¡Ya está nena, ya llegaste, es la meta! —le gritaba su entrenador. Pero ella no escuchaba.
No había lugar para la protesta parado delante del escritorio en el sótano que había dejado su padre antes de desaparecer. Se quedó mirando el tarro con la inscripción “ahorros para la bici”. No había bici ni tampoco padre, cuando
Emilia come una naranja, en la cocina, prolijamente sentada en el extremo de la larga mesa de pino donde antaño, entre bullicio y humo de cigarros, merendaba la peonada. Hoy, en la cocina vacía, en silencio, sólo ella y Juana, su
Agapanto: Durante mi juventud trabajé de bibliotecaria en una escuela secundaria, la Gurruchaga. La escuela era nueva y era una promesa: había que fundar todo, inventar. En el personal éramos todos jóvenes. En la biblioteca había
Vos sabés que con las ganas de tomar un porrón me acordé de algo que me pasó la semana pasada, es una historia digna de una película, ¡te lo juro! Te la voy a contar. A Mariano lo conocí en el club, jugábamos en equipos rivales y