Aflojale a los postres
Con la mirada del entrenador sobre la nuca, caminó a paso rápido y se subió. “¿Cuánto pesará hoy esta pendeja?” La balanza marcaba 36. Un kilo arriba de lo normal. “¿Qué estuviste comiendo, Lara? Sos una cerda.
Con la mirada del entrenador sobre la nuca, caminó a paso rápido y se subió. “¿Cuánto pesará hoy esta pendeja?” La balanza marcaba 36. Un kilo arriba de lo normal. “¿Qué estuviste comiendo, Lara? Sos una cerda.
Todos los ojos, como fichas, puestos en aquella niña de cabello castaño. Un cuerpo pequeño, concentrado, como el de la mayoría de las gimnastas de su edad. Sin embargo, en ella había una diferencia: tenía la firme convicción de se
¿Querés que te diga la verdad? Terminábamos hechas bolsa, te juro, no podíamos ni caminar de los dolores y las puntadas, aparte de los tobillos siempre vendados y las marcas de los bordes de los bancos en las canillas: dos por tre