Motoqueros (capítulo 39)
¡Brooomm!… ¡Pummm!… ¡Chrahhhh!… ¡Pam pam!… Unos ruidos infernales lo despiertan. Se levanta de la colcha donde duerme en el piso de la cocina y ve cómo una decena de policías, armados hasta los dientes, entran en la casa des
¡Brooomm!… ¡Pummm!… ¡Chrahhhh!… ¡Pam pam!… Unos ruidos infernales lo despiertan. Se levanta de la colcha donde duerme en el piso de la cocina y ve cómo una decena de policías, armados hasta los dientes, entran en la casa des
Las movidas sindicales y políticas, de todos modos, no logran sustraerlo de las cuestiones mucho más existenciales que lo aquejan. Su vida afectiva sigue siendo un verdadero despelote
¡A ver si te queda claro!…, exclama Joe, ¡sabemos lo que queremos, y no necesitamos que nos vengan a enseñar el camino!… El dirigente del Partido de los Obreros lo mira impávido, sin cejar en su intento.
Justo cuando está por salir con un pedido, le tocan el hombro. Sorprendido, frena, y se da vuelta: el que lo había tocado es Joe. ¿Qué hacés por acá?…, exclama, como si estuviese viendo un aparecido o a un ser sobrenatural. Pero n
La bailanta queda en la zona oeste, en la esquina formada por una avenida que va en diagonal hacia el sur santafesino con una calle que corre en sentido perpendicular.