“Es de Alcorta el perro que olfateó el cuerpo hallado en el río Chubut”. Tal el título de La Capital on line que asaltó desprevenido, todavía entre el sopor de los mates mañaneros, al escriba remolón al que en realidad le tocaba escribir de otros temas, no de este. Pero semejante título, que asaltó a la curiosidad cansina justo en esa “última ronda por los portales antes de ponerme a hacer lo que tengo que hacer”, no se puede dejar pasar así nomás.
Y no se trata de cargar las tintas sobre el titulero, menos sobre el escriba del decano de la prensa, al que seguro le pasaron el dato en el pueblo, donde siempre siempre hay avidez de tener algo para contar que merezca una aparición en el matutino rosarino. No es fulanito ni menganito. Es todo un modo de hacer las cosas el que estalla en ese título del perro de Alcorta igual a cuerpo en Chubut, mejor dicho de perro más que cuerpo, que sin embargo aparece casi como una vuelta de tuerca entre ingenua y apenas “de color” frente las feroces operaciones mediáticas mucho más aborrecibles, que danzan frenéticamente al son de portales, redes y grupos.
El problema, lo común en lo del perro y en las operetas –y también en los teorías conspirativas y delirantes que desparraman por whatsapp filo servilletas y librepensadores varios–, es soslayar tan livianamente la humanidad de la cuestión.
El movilero que arrancó la ronda de preguntas a los familiares de Santiago Maldonado es otra muestra. Preguntó lo que apenas instantes antes el hermano de Santiago había respondido y pedido que no vuelvan a preguntarle. “Hasta que no haya resultados de las pericias no sabemos si es o no es”, se había dicho. Y se hablaba de un cuerpo humano, no de perro.
Quienes hacemos el periódico que usted tiene entre manos queremos tomar clara distancia de esa deshumanización en el abordaje de esta tragedia. Por supuesto que todo lo que pasa es investigable, analizable, opinable; y que la libertad para hacerlo es un principio fundamental. Pero vale recordar que, al menos para nosotros, el oficio de informar implica dosis –por favor, aunque sea mínimas– de rigurosidad, de profesionalidad, de respeto por la verdad y por la –sí, hay que decirlo– humanidad.
Eso es lo que queremos hacer semana a semana con el eslabón y con todo lo demás que producimos desde la cooperativa La Masa. Somos de los que creemos que ni los perros se merecen que se les dé de comer tanta, pero tanta mierda, bajo el manto del “periodismo independiente”.
Fuente: El Eslabón
Clemente
20/10/2017 en 23:50
Y la culpa capaz también sea del chancho y del que les dá de comer…la capital transita una pendiente periodística, difícil de disimular y soslayar. Sin que esta afirmación intente, de ningún modo, herir el honor y la integridad de la mayoría de los colegas que allí trabajan. Pero el medio se está yendo al carajo desde hace rato…