La historia ninguneada, mal reportada y muchas veces invisibilizada de las pugilistas, reunidas en el nuevo libro de Marina Porcelli. Las pioneras de la disciplina y quienes pelean en la actualidad.

“Si suprimiéramos el boxeo, el mundo amanecería más hipócrita”. Sergio Víctor Palma, ex campeón mundial y poeta.

 

“Al intercambiar algunas palabras con Hannah Hyfield, y al exigirle que lo repare, la invito a que nos encontremos sobre un tablado y boxeemos por tres guineas”, desafía Elizabeth Wilkinson Stokes a su rival de turno, que le responde: “No fallaré, Dios mediante, en darle más golpes que palabras, ya que deseo que reciba más golpes que palabras, sin compasión”.

Esta pelea ocurrió en 1722, mucho antes de que el boxeo masculino se apropie de la invención de las provocaciones, amenazas y acting en la prensa para promocionar los combates. La misma Wilkinson Stokes, más adelante, le dice a una contrincante que trabaja de burrera (traslada mercadería en burros): “Los golpes que le voy a dar van a ser más difíciles de digerir que cualquiera que ella jamás le haya dado a su burro / a su culo”.

“Este marco de teatralidad –escribe Marina Porcelli en su flamante libro Boxeadoras– no es gratuito: esboza, de alguna manera, la invitación al espectáculo, al entretenimiento, al show”. Y en diálogo con El Eslabón, añade: “Las peleas se anuncian, ellas se amenazan, se insultan. Esa idea del boxeo ligado al teatro”. Por eso, añade, “es un deporte que aparece mucho en el cine”.

Además de bucear en la poca bibliografía sobre boxeo practicado por mujeres en Argentina, este nuevo ensayo de Porcelli analiza el rol de la prensa para contar esta disciplina y habla con las protagonistas del ring, las fuentes orales. “El boxeo femenino ha sido escasamente reportado y mal”, asegura.

Mala prensa

Van sólo algunos de los títulos de diarios y revistas en los 90 y los 2000: «Box y rimel» (Clarín); «A las piñas, amablemente. Moda y belleza» (La Nación); «De la cocina al ring» (La Prensa); «Muñeca de piedra» (Olé); «Se agarraron de las mechas» (Crónica). Vaya que Marina Porcelli tiene argumentos para decir que el boxeo femenino “fue una disciplina muy ninguneada”.

El libro, dice la autora, se pregunta “cómo leemos los archivos periodísticos, quiénes son los que nos dicen cuáles son las grandes noticias y cómo, cuáles son las posiciones ideológicas con las que se narró la historia de los varones y por qué y cómo se dejó afuera a la historia de las mujeres”. 

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Marina Porcelli (@marpues18)

En esa mezcla de gracia e indignación, de «me río para no llorar», la narradora y ensayista porteña reconoce que “hay títulos muy graciosos”. Va otro de Crónica, del 98: «Le hicieron honor al sexo, las niñas anduvieron a las tortas». “En cualquier caso, lo que no se pone primero es lo deportivo”, cuestiona.

En los reportajes y entrevistas a boxeadoras también estaba la pregunta de rigor: ¿Vos le pegás a tu novio? “Eso –remarca– sería inadmisible al revés”. Por eso, cuenta que “la idea del libro es marcar el recorrido que hace la prensa y también cómo después cambia. Porque hay muchos autores que dicen una cosa y son posturas que después se revisan, no son rígidas”. 

Y aclara: “Más que ponerse en actitud de policía, lo que me interesa es ver de dónde viene todo eso. Cómo se abre paso el boxeo femenino, con qué argumentos. Hoy hay mucha prensa que se puede autoproclamar inclusiva, pero creo que todavía hay mucho para conversar y reflexionar”.

Mujeres que luchan

“El género no es una cuestión de diferencia sino de dominio”, subraya Marina Porcelli para referirse al boxeo masculino y femenino. Apela a lo que la teórica feminista Teresa de Lauretis llama tecnologías de género: prácticas sociales, culturales e institucionales que construyen y regulan las identidades y roles de género, más allá de la biología. “Corrigen, reinsertan a las mujeres cuando se escapan de la definición social, impuesta, de lo femenino”, escribe Porcelli.

Marina Porcelli, en el medio, presentando Boxeadoras

En medio del ensayo hay visitas de la autora de Nocaut lírico (una columna publicada durante 2022) a gimnasios de la ciudad de Buenos Aires. “Hay muchas entrevistas de boxeadoras en actividad porque me interesaba preguntarles cómo habían resuelto problemas de género, cómo habían lidiado con la maternidad, o con la diferencia de bolsas, o qué le decían en la casa, los novios o novias, sobre el hecho de boxear”.

Una de esas protagonistas es Karen Carabajal. Tímida al extremo cuando era más piba, revela: “A mí el boxeo me permitió opinar”. Contradiciendo la famosa frase de Ringo Bonavena (esa de “cuando suena la campana te quitan hasta el banquito y uno se queda solo”), agrega que para ella “nunca fue un deporte individual”. Y argumenta: “Al cuadrilátero subo con todos. Ganamos todos o perdemos todos”. Sergio Víctor Palma, campeón mundial supergallo en 1980, dirá que boxear es “gritar que existen, que merecen consideración, atención”.

Damas y caballeros

En marzo de 1926, Elvecia Cheppi (o Helvecia, según otras publicaciones) también retó por los diarios a quien se le animara. Allí aseguraba que podía “liarse a trompadas a toda mujer y a todos los vecinos, boxeadores o no, sean herreros o médicos, que pesen 70 kg”.

Campeona de Tres Arroyos, fue la primera boxeadora de la que hay registros en el país. Y aquella vez, en Tandil, peleó con un hombre: Mayorico González, campeón del Río de la Plata. En el descanso entre rounds, se lee en el diario Nueva Era, ella no se sentaba. Y ganó.

Porcelli plantea que “uno de los puntos es la creencia en la supremacía física masculina: los hombres corren más rápido, pegan más fuerte. Y hasta que no entendamos y pensemos en una equidad de cuerpos, nunca va a haber una igualdad de bolsas”.

También considera “inexplicable” las diferencias reglamentarias por género, como casi no ocurre en otros deportes: el tiempo de combate (3 minutos por asalto en peleas de varones; 2 minutos en las de mujeres) y la cantidad de rounds (12 contra 10). “Y el supuesto de esa reglamentación es que el cuerpo de la mujer no alcanza. Y hay periodistas que dicen que el cuerpo de la mujer no está anatómicamente preparado para pelear, y entonces fundamentan ese reglamento”.

Y aclara al respecto: “No estamos diciendo que no haya diferencias entre el cuerpo de mujeres y varones, lo que decimos es que es una situación de dominio y de opresión. Y eso tiene que cambiar”.

La mayoría de las peleas de la mexicana Margarita Montes (Sinaloa, 1913-2007) fueron contra hombres. Y también la mayoría fueron victorias por nocaut. En una de ellas, le rompió el pómulo derecho al campeón nacional peso pluma. Enojado, el púgil buscó vengar su orgullo. Pero terminó la revancha en la lona y con el pómulo izquierdo roto.

Lo que está prohibido me hace feliz

Alguna vez Jorge Valdano se preguntó cómo se privaba a la mitad de la humanidad de ser tan feliz como era él cuando jugaba a la pelota. “Ahora no. Hay fútbol femenino”. Alberto Zacarías, histórico entrenador de boxeo, va por ese camino: “Si el hombre pelea porque le gusta, por qué no lo puede hacer la mujer si así lo desea”.

En 1892 se prohíbe el boxeo en Buenos Aires bajo “argumentos inadmisibles, delirantes”, dice Marina, como “la repugnancia que esta clase de espectáculo ofrece”. Se restablece tras la pelea de Firpo-Dempsey en 1923. Aunque a las mujeres no les llega ese beneficio hasta 2001, con la Tigresa Marcela Acuña. Pero “todo lo que se prohíbe”, resalta la escritora, “ya viene sucediendo”.

Publicado en el semanario El Eslabón del 6/12/25

¡Sumate y ampliá el arco informativo! Por 8000 pesos por mes recibí todos los días info destacada de Redacción Rosario por correo electrónico, y los sábados, en tu casa, el semanario El Eslabón. Para suscribirte, contactanos por Whatsapp.

  • Tos

    “¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan
  • El fin de una era del trabajo

    La automatización avanza más rápido que la política. A medida que la inteligencia artifici
  • El año que viene

    Yo no sé, no. Laura estaba re contenta. Faltaba poco para que terminara el año. Había cump
Más notas relacionadas
Más por Facundo Paredes
Más en Deportes

Un comentario

  1. Slope

    06/01/2026 en 0:45

    El libro de Marina Porcelli no solo rescata a las boxeadoras del pasado y del presente, sino que también invita a repensar el rol de la prensa y las desigualdades que aún persisten en el deporte.

    Responder

Responder a Slope Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sugerencia

Tos

“¿Puede la muerte estar dormida, si la vida es sólo un sueño, y las escenas de dicha pasan